Vista de la exposición Tomás Esson: Miami Flow en la galería Fredric Snitzer.
Cortesía de Fredric Snitzer Gallery.

Janet Batet resume el arte y la creación de Tomás Esson, sus seres míticos y atormentados, las plantas erógenas, y otros motivos de au arte, recién expuesto en Miami.

Miami Flow es el título de la más reciente muestra personal de Tomas Esson, acogida en la galería Fredric Snitzer. La concisa y a un tiempo exuberante muestra comprende seis colosales pinturas y una instalación compuesta por una serie de dibujos  provenientes de la serie Wet Painting que se expande más allá del límite físico del marco para convertirse en una instalación inmersiva que inunda todo en derredor.

Tomás Esson, instalación de obras de la serie Wet Drawing con el lienzo Wet Painting #54, 1998.
Cortesía de Fredric Snitzer Gallery.

Tomas Esson Reid (La Habana, 1963) es sin lugar a dudas uno de los pintores más contundentes que ha dado el arte contemporáneo cubano. La indiscutible maestría técnica de Esson convierte siempre en deleite la contemplación de su obra. Paradójicamente, el éxtasis pictórico al que nos induce su savoir-faire es siempre sacudido por los temas abordados donde lo kitsch, lo escatológico y lo violento asoman como leitmotiv de la obra de este artista. Las entidades pictóricas de Tomas Esson son un retrato visceral de esa angustia enjaulada que es la existencia humana: vulvas, penes, tarros, eyaculaciones, escupitajos, vello púbico, seres indescriptibles que comparten la atormentada condición de bestia y semidios, animal en celo y ente espiritual a un tiempo.

Egresado del Instituto Superior de Arte de La Habana en 1987, su muestra A Tarro Partido II, también trascendida como “ESSONSISEHACE” sacudió los limites permisivos del puritanismo y el poder político en Cuba al tiempo que dejaba bien claro los derroteros de la obra del entonces joven pintor: crudeza de signos de alusión político y sexual que se imbrican en una hermenéutica procaz y personal encarnada en el talismán, ese arquetipo único resumido en carne y dientes que acompañará por siempre como sino la obra del artista.

Aunque centrada en la serie más reciente  de Esson cuyo nombre da título a la muestra, Miami Flow incluye a modo de necesario clin-d’oeil obras de otras series que funcionan como complemento necesario al complejo universo del artista. A lo largo de los años, el fértil universo de Tomas Esson se ha compuesto de series paralelas que, como vasos comunicantes, se entretejen y retroalimentan la una a la otra. Tal es el caso de Retrato No. 6, 1995, que nos permite adentrarnos en ese particularísimo bestiario que son los retratos de Esson.

Tomás Esson, Retrato No. 6, 1995.
Courtesy Fredric Snitzer Gallery.

Desde muy temprana edad, Esson incursiona en el género del retrato que le sirve para incursionar en caracteres psicológicos de la idiosincrasia insular del momento. Hacia fines de la década de los años ochenta, el tema del retrato le permite al artista adentrarse en ese nuevo ente que le obsesiona: ese ser de naturaleza mitológica –por su condición a medio camino humana y animal- pero cuyos designios definitivamente no son el empíreo sino la tierra. Sus figuras, siempre dignas, se van estilizando. Muchas veces domina el contrapicado que enaltece al retratado al tiempo que destaca vientre y sexo quedando relegada la diminuta cabeza coronada por los cuernos. En estos retratos de Esson donde el raciocinio cede paso a lo visceral, el tratamiento de la carne digno de la pintura de Rubens y es que el componente erógeno de estas figuras es primordial.

Un detalle de la instalación de obras de la serie Wet Drawing con el lienzo Wet Painting #54, 1998.
Cortesía de Fredric Snitzer Gallery.

Wet Painting, # 54, 1998, y la instalación Wet Drawing series, 2017, también incluidas en la muestra, nos permiten adentrarnos en esa serie vital de Esson que viene desarrollando desde los años noventa: Wet Drawing and Wet Painting. La serie donde el talismán sigue estando presente se desdobla en lo que para Esson son los cinco elementos fundamentales de la vida humana: vagina, senos, boca, ano y pene. La cualidad húmeda es condición sine qua non de esta suerte de pentagrama erógeno que pierde todo centro gravitacional y como hiedra se reproduce descontroladamente saltando el marco del cuadro y apoderándose de las paredes de la galería en una suerte orgia incontrolable.  En esta serie la presencia del Pop y en específico la resonancia de otro grande del arte cubano, Umberto Peña, son fundamentales.

Tomás Esson, Beach, 2016.
Cortesía de Fredric Snitzer Gallery.

Beach, 2016; Cachumbambé, 2016-2017, y Oráculo, 2017, son las piezas exponentes de la serie más reciente: Miami Flow. En esta serie cargada de las entidades que han caracterizado toda la trayectoria de Esson, la figura humana pareciera transfigurarse en el elemento vegetal. Asistimos a paisajes biomorfos  exuberantes donde domina el “all-over” tan caro al expresionismo americano. Los colores de esta serie se desgajan definitivamente de series anteriores como Wet Painting donde la paleta estaba determinada por los que Esson denomina “fleshy colors” que se circunscribe a colores directamente asociados a lo humano y los cinco elementos que conforman el pentagrama erógeno de Esson.

Tomás Esson, Cachumbambé, 2016–2017.
Cortesía de Fredric Snitzer Gallery.

Ahora, sin embargo, la paleta se ilumina dominando the South Beach palettecreada por Leonard Horowitz. Se impone elemento seriado que destierra el punto central de interés haciendo saltar el ojo de una a otra parte del cuadro en un convite de formas que no acaban. La noción de fluido asociado a esta serie tiene mucho que ver con lo sensual y lo inestable.  La flor (vulva) se erige elemento central, mientras, Lianas, tallos, y pistilos la secundan (el pelo).

Oráculo, 2017, es una pieza colosal que trae invariablemente a la memoria dos obras medulares de la historia del arte: Los nenúfares, de Monet y la Jungla, de Lam. El paisaje al que asistimos tiene a un tiempo la quietud y regodeo de color del primero y la voracidad y la exuberancia del segundo que deviene estado psiquico. Si bien Beach y Cachumbambé fueron realizadas con pintura industrial, en el caso de Oráculo, Esson retoma el óleo justo para centrarse en la cualidad cromática y luminosa de esta pieza.

Tomás Esson, Oráculo, 2017.
Cortesía de Fredric Snitzer Gallery.

Miami Flow es una muestra sólida, de indiscutible belleza que presagia nuevos senderos en la carrera de este grande del arte cubano.

Tomás Esson: Miami Flow corrió en la Galería Fredric Snitzer del 23 marzo hasta el 20 abril, 2017.

Janet Batet (La Habana, Cuba) es curadora independiente, crítica de arte y ensayista. Actualmente vive en Miami. Ex investigadora y curadora del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y ex profesora del Instituto Superior de Arte, ambos en La Habana. Sus artículos sobre las prácticas artísticas se publican regularmente en Art Nexus, Pulse Art, Arte al Día, Art Experience: NYC, y El Nuevo Herald, entre otros.