Glexis Novoa, 1989, de la serie La etapa práctica
Cortesía de The Farber Collection

Desde afuera, las ventanas dejan ver las paredes salpicadas, los fragmentos de cuadros y algún bote de acrílico. Desde dentro, las mismas ventanas filtran los sonidos, el ir y venir de una calle en el Vedado. Dentro está el taller, afuera La Habana que redescubre el artista.

La ciudad porta ahora los matices de un acuerdo diplomático con Estados Unidos y eso no es poco ni política, ni culturalmente hablando. La Habana, una hipotética meca regional del arte contemporáneo y más que nada, La Habana sede del más impensable, astuto y oportuno ingenio social.

Desde su estudio en El Vedado, Glexis Novoa oye hablar de Guanicheo, del Paquete Semanal y de Revolico mientras escucha a alguien que pregona latas de carne, luz brillante o bolígrafos. Desde allí siente Las cosas como son y sabe que su regreso no es únicamente geográfico.

En los 80 Glexis Novoa había sido uno más de los incluidos en el término “plástica joven”. Por aquellos años ya había marcado un capítulo fundamental en la Historia del Arte con sus intervenciones y algunas de sus muestras más importantes como No es lo que ves, cuando hizo como si estuviese abriendo su vientre con un cuchillo y dejó caer muchas vísceras al suelo.

Después de eso su nombre lo escucharon unos pocos por alguna exposición en Nueva York o en Paris, o porque volvía a La Habana husmeando en los inicios del performance cubano y tratando de documentar minuciosamente cada detalle del renacimiento que significaran los 80. Excepto en una exposición colectiva organizada de manera alternativa por la galería Espacio Aglutinador, ninguna muestra individual volvió a exhibirse en La Habana hasta el año 2015 cuando el proyecto Detrás del Muro, en la Duodécima Bienal de La Habana, decidió incluirlo en su nómina.

Un año más tarde Glexis está de regreso y nada menos que con una muestra individual en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Una vista de la exposición Glexis Novoa: Las cosas como son / Things as They Are en el Museo Nacional de Bellas Artes
Cortesía de Glexis Novoa y David Castillo Galelry

Las obras exhibidas en Las cosas como son dejan una leve sensación de antología o resumen de vida y de trabajo, pero cada una de ellas también despierta una inevitable sensación de continuidad y renovación. El humo saliendo de la estatua de Lenin tumbada en el suelo y finamente dibujada con grafito no lleva a pensar ya en la veneración de un icono, sino en la resemantización de su imagen. Lo mismo que el monumento al partido de los obreros de Korea, las imágenes de Vladímir Mayakovski, Tatlin, la ciudad de Miami y otros símbolos modernistas representados en once esculturas con un guiño a la política de estado a nivel internacional.

Detalle de Glexis Novoa,Tatlin, 2015–2016
Cortesía de Glexis Novoa y David Castillo Gallery

Se trata de una continuidad de la obra que ya había presentado en la Bienal y que expone aquí sobre bases de concreto para reproducir algunas de las formas típicas de la arquitectura habanera, y ofrecer un homenaje al trabajo de los escultores cubanos Florencio Gelabert y Mateo Torriente.

Otra obra escultural por Novoa en la exp
Cortesía de Glexis Novoa y David Castillo Gallery

Las pinturas reconocen el verdadero sentido que cobra la presencia de este artista en La Habana y su retorno, no solo a Cuba, sino a su contexto artístico. Todos los lienzos en la muestra fueron realizados en ese estudio habanero que ahora retoma sus rutinas y son –él lo reconoce- una vuelta a su Etapa Práctica.

“Aquella fue una época de intención irónica con la institución arte, donde yo me aprovechaba de cada una de las convenciones que se encargaban de prestigiar o no a un artista, así como de las instituciones, los museos y las galerías. Era un momento en el cual toda mi generación estaba cuestionando las situaciones político-sociales extremas en el país y yo decidí involucrar mi obra en ese sentido”.

Sin embargo, las pinturas que exhibe ahora el Museo Nacional de Bellas Artes han pasado por filtros históricos, por lógica no son una copia exacta de aquella etapa artística. Si bien a nivel formal conservan los patrones estéticos que identificaron sus obras en los 80, las hechas entre 2015 y 2016 aportan otro nivel simbólico. Hablan de momentos distintos y los cambios de paradigmas no se esconden a la mirada.

“Me doy cuenta de que ya existen otros intereses sociales. Por medio de amigos, personas involucradas en el mundo del arte y escuchando a quienes pasan constantemente por la calle vendiendo cosas empecé a descubrir un universo nuevo, las cosas que tienen valor hoy en día.

“Lo mismo pasa con el famoso Guachineo. La gente quiere ‘guachinear’, esa palabra es nueva para mí, pero ya comprendí que tiene un significado en la juventud y si se quiere, también es portadora de un status significativo, no todo el mundo puede ir a ‘guachinear’ y eso lo convierte en objeto de deseo.

Glexis Novoa, Guachineroo, 2016
Cortesía de Glexis Novoa y David Castillo Gallery

Por otro lado estoy descubriendo que alguien como Carlos Garaicoa no solo es un artista admirado, sino que en este contexto también es una especie de institución respetada por los otros artistas, con influencia, un estudio y una galería muy poderosa. Es decir, la gente ha cambiado y el contexto artístico no se queda detrás”.

En su esencia fundamental, la Etapa Práctica se encargaba de elaborar una forma de expresión para lo que no podía ser dicho de manera literal y explícita. Aunque ahora Glexis siente que retoma esa parte de su formación creativa, dice no estar obligado a cifrar su lenguaje, ni hacerlo contestatario. En este retorno, el doble sentido sigue presente pero en un nivel aportado por el artista para complejizar la obra, no ya como alternativa ante lo que no debe ser dicho.

En un mismo lienzo son colocadas las palabras Che, Cohiba y Cuba como arquetipos de la inminente presencia del turismo en la Isla; también como ejemplo de la mezcla entre iconos políticos y souvenirs turísticos.

Glexis Novoa, Cohiba, 2016
Cortesía de Glexis Novoa y David Castillo Gallery

Un tanto de eso sucede con Hemingway: “la figura del escritor ya es una especie de símbolo cubano que a veces no es entendida ni siquiera por los americanos. Por eso le coloco de fondo una variación de la bandera cubana con más rayas azules, con el mismo sentido que utilicé el nombre de Garaicoa como si fuese una marca de carro americano”.

Glexis Novoa, Garaicoa, 2016
Cortesía de Glexis Novoa y David Castillo Gallery

Le pregunto: ¿Esta vuelta y sus nuevos matices implican una despolitización de tu obra?

“Si lo vemos desde el punto de vista de la pintura, como tiene que ver con la etapa práctica, no es una mirada lejana a la política. Una de las obras se llama La bestia, es la más grande de la exposición y hace referencia al automóvil de Obama, lo cual es por supuesto un tema político.

“Sin embargo, creo que la sociedad cubana hoy en día tiene una mirada despolitizada de su realidad. No es mi intención despolitizar mi obra, pero el contexto cubano lo está. El lenguaje político ideológico no está siendo usado como antes, la sociedad lo está evitando. Incluso desde el punto de vista del gobierno, no se recurre a los mismos métodos. Las personas adoptan un nuevo discurso y mi obra hablan de eso. No significa que esté despolitizada: solo está en correspondencia con los aires nuevos que vive el país.

“Con la llamada ‘plástica Joven,’ teníamos mucha tendencia a la creación colectiva, se aprendía mucho del trabajo del otro e intercambiábamos información todo el tiempo. Éramos una generación muy unida, por eso tuvimos tanta fuerza. Más tarde esa unión continuó desde el punto de vista personal. Con algunos tuve más contacto, con otros perdí el vínculo. Todos hemos cambiado y madurado, tenemos ahora eventos y caminos diferentes en nuestras vidas.”

Glexis Novoa, Tonel, 1990
Courtesy The Farber Collection

Precisamente una de las obras que Glexis desarrolló en aquel tiempo fueron los retratos de esos compañeros, “utilizaba sus rostros con posturas y gestos de mártires porque aún cuando no lo eran, en el contexto político de esos años se tornaban así de alguna forma abstracta. No era el Che, no era Camilo, no era Bolívar, eran caras entonces desconocidas: Ciro Quintana, Flavio Garciandía, Tonel, Gerardo Mosquera, Ana Albertina, Adriano, Tomás Esson, Carlos Cárdenas”.

Sin embargo, los retratos de estos tiempos tienen que ver con fenómenos específicos que son influyentes dentro de cada escala. Los cuadros ya no muestran rostros, solo una palabra. Tania, por ejemplo, tiene que ver con el arte radical, con la política institucional, con la migración y el funcionamiento de los artistas en Cuba. Pero esa pieza lo mismo puede referenciar a Tania Bruguera, que a Tamara Bunke, “Tania la Guerrillera”, depende de quién lo interprete.

Glexis Novoa, Tania, 2016
Cortesía de Glexis Novoa y David Castillo Gallery

Tania Bruguera se ha autoproclamado como la última revolucionaria de nuestra generación, sigue teniendo una actitud como la que teníamos nosotros en los 80. Ha seguido con una actitud radical, guerrillera, consecuente con aquella idea y está logrando ser una figura muy influyente, sobre todo desde el punto de vista mediático. Es por eso que utilizo su nombre encima de la bandera de la anarquía, que es también la bandera del 26 de julio en Cuba.

Con esa dualidad entre las dos Tania cubanas no estoy dando una opinión negativa, ni irónica respecto a alguna de ellas, yo me limito al retrato de dos personajes reales. Casi nadie ha apoyado a Tania, la artista, entre ellos yo. Ella tiene un proyecto específico que es absolutamente opuesto a lo que ahora está funcionando en este país en materia de arte. Su proyecto tiene que ver con el contexto cultural del pasado y lo está haciendo en un momento donde se están manejando otro tipo de cosas.

Hace 20 años si tenía mucho sentido criticar las cosas y presionar fuerte, exigir y jugarse la vida para cambiar lo que estaba mal. Aunque muchas de ellas todavía persistan hoy en día, al menos tenemos la percepción de un cambio que está por llegar. Hace 20 años no me habrían invitado a exponer en Bellas Artes, ese tipo de cambio es el que importa hoy”.

Le pregunto: ¿Con este redescubrimiento y estas nuevas obras haces una especie de ensayo de lo que es actualmente el arte cubano?

“No me lo propongo, pero quizás sí. En Cuba todavía no existe un mercado del arte, los artistas cubanos giran y tienen los ojos puestos alrededor del mainstream internacional, no participan de un contexto, ni les interesa.

“En la Bienal sí porque es la oportunidad que tienen para mostrarse a ese mainstream que viene y está físicamente en Cuba. Todos quieren venir a mostrarse en la gran plataforma que es La Habana, pero los artistas aquí realmente no trabajan para un contexto propio porque no existe, por ejemplo, una red de galerías real. Las que funcionan lo hacen de manera aislada, venden fuera del país pero la interacción local es nula.

“En Cuba, algo que es mucho más real es el “traqueteo”. Ese mercado que existe aquí y que es prácticamente ilegal porque nadie da su nombre, prefieren el anonimato pero mueven el arte mucho más que la Galería Habana, por ejemplo. Están comprando las obras aquí y casi al mismo tiempo ya las tienen vendidas en Nueva York o en Paris. Eso también es parte del mercado. Como muchas cosas funcionan mejor de manera alternativa que de modo oficial, también por eso está el nombre de traqueteo en mi obra.”

Con todo esto, le pregunto, ¿habrá probabilidades de una siguiente etapa creativa en tu obra?

“Puede ser, pero hasta ahora no lo tengo premeditado. Los artistas siempre ven su carrera como una especie de diálogo recurrente, tanto formal como conceptual con la misma idea. Venimos revisitando ideas anteriores porque siempre estamos buscando una evolución. Aunque algunos revisitan su obra no con esta intención sino como una simple repetición, pero si un artista es consecuente con su integridad como pensador entonces debe lograr que su obra evolucione.”

Glexis Novoa: Las cosas como son / Things as They Are corre hasta el 16 de enero en el Museo Nacional de Bellas Artes en La Habana.

Lianet Hernández (Artemisa, Cuba, 1989) Licenciada en Periodismo por la Universidad de la Habana. Trabaja en Casa de las Américas, y colabora habitualmente con la revista OnCuba.