La pasada semana, el renombrado tasador de arte y contribuyente a la Fundación Ludwig, Alex J. Rosenberg, ofreció una charla informal en la galería 8vo Piso, de Nueva York, para celebrar su último libro. Escrito bajo el ánimo de contribuir a la tasación de arte en la isla, sucedió un animado intercambio con coleccionistas, académicos, estudiantes y aficionados al arte. La audiencia también disfrutó de una conversación con el artista Armando Mariño, cuya muestra Armando Mariño: Pintura reciente del año de las protestas, se exhibía en la galería.

El renombrado tasador de arte Alex J. Rosenberg charlando en la galería The 8th Floor

Rosenberg explicó que años atrás, cuando se preparaba la legalización del dólar y la apertura de la industria turística, fue invitado a ofrecer conferencias en Cuba sobre la tasación. De ahí surgió un libro anterior, La Tasación de Obras de Arte: La Ciencia, el arte y la Actividad Commercial de la Tasación de Obras de Arte. Un texto introductorio en Español publicado en el año 2010, y que es ahora utilizado en el curso regular en el Instituto Superior de Arte.

“Este libro tuvo secuelas”- expresó. Con el largo título de An Approach to Advanced Problems in Appraising Art with a special focus on Cuba (Una aproximación a problemas avanzados de tasación de obras con un enfoque especial para Cuba), y publicado por Amigos Norteamericanos de la Fundación Ludwig, la nueva publicación cubre aspectos antes no abordados en textos regulares, lo que Rosenberg denomina “algunos de los temas más difíciles de la tasación”. Al mismo tiempo, fue escrito para las necesidades concretas de la tasación en Cuba.

“Mientras los problemas que enfrenta un tasador en Estados Unidos o en Cuba son esencialmente los mismos, ud debe recordar que en Cuba persiste el Código Napoleónico, que es distinto a la ley anglosajona de los Estados Unidos” expresó. Y en Cuba, años atrás, se practicaba un concepto de tasación que no involucraba dinero, sólo comprendía valores patrimoniales, históricos, de apreciación. En los Estados Unidos, estos elementos pueden contribuir a la tasación, pero el valor final radica en que alguien pagará, nada más”.

Rosenberg concluyó su comentario denominando al libro “su mayor esfuerzo –y espero que para bien”, lo cual arrancó aplausos y numerosas preguntas del público.

La primera pregunta exploró cómo él y su esposa, Carole Rosenberg, se habían involucrado con la Fundación Ludwig, entidad no lucrativa donde han contribuído por bastantes años. Rosenberg explicó que encontró a Peter Ludwig en Cuba cuando creaba la fundación, y la describió como “probablemente la organización más comprometida con el apoyo a los artistas emergentes”. Ese fue su propósito original, y lo ha mantenido desde entonces. Cada semana exhiben la obra de decenas de artistas e invitan a las personas a conocerla. Han sido capaces de ofrecer un espacio a creadores jóvenes que, de otro modo, no tendrían un lugar donde exponer”.

Otras preguntas enfocaron los mecanismos existentes en Cuba para valorar obras de arte. “El sistema de galerías no está allá tan desarrollado como aquí, pero no obstante funciona bien. Los artistas de alto nivel tienen todos su galería, también artistas de nivel medio.” Los menos conocidos “venden su obra, o tienen un representante”. Respecto a Galería Habana, “que representa los mejores creadores”, hizo notar que los artistas de más alto nivel también son representados por galerías fuera de Cuba.

La numerosa presencia de artistas cubanos en la arena internacional fue un tema de interés para el público. Rosenberg observó que muchos de los artistas de más alto ranking son representados por galerías tanto en USA como en Europa. “Venden tanto como lo harían aquí, y venden en Cuba también”. Poco a poco, han comprendido que deben fijar el mismo precio, donde quiera que estén. “Cuba tiene subastas, y si asistes a ella, los precios son los mismos que si estuviera en Nueva York”.

Para los artistas cubanos de ranking, el impacto de alcanzar nivel internacional “puede ser profundo. Porque la isla es pequeña, su mercado limitado, y puedo decir que el porciento de artistas de nivel con galerías en el extranjero es mayor que para los artistas norteamericanos, que no las necesitan tanto”.

Interrogado sobre “los límites o la ausencia de límites” sobre los artistas en términos de libertad de expresión, Rosenberg estuvo de acuerdo en “los límites han cambiado, y con el tiempo la situación en Cuba es más liberal que en el pasado. Pienso que el gobierno reacciona cuando percibe amenazas, y el actual gobierno no se siente amenazado por nada que los artistas podrían expresar”. Aludiendo a los intentos en 1999 por parte de Rudolph Giuliani de cerrar la muestra Sensation, en el Museo de Brooklyn, Rosenberg sentenció que “eso no ocurrirá en Cuba. Alguien podría intentarlo, pero no sucederá”.

Dirigido a la esencia del libro de Rosenberg, una persona preguntó sobre las dificultades de ofrecer de una tasación objetiva en Cuba. “El conflicto de intereses es muy simple. Todos en Cuba reciben un salario del estado. De manera que si estás tasando un objeto del gobierno, será muy difícil ser crítico en este aspecto”. Añadió que han existido intentos para declarar al tasador una profesión independiente. “Si los tasadores no fuesen pagados por el gobierno, podrían cobrar específicamente por su trabajo. Entonces no serían influídos por el gobierno, incluso si éste pagase por hacer tasaciones concretas”.

Interrogado si los artistas apoyados por la Fundación Ludwig han logrado éxito en sus carreras, Rosenberg enumeró una lista que incluía creadores como José Manuel Fors, Marta María Pérez, y orgulloso señaló la cubierta de su libro: “El muchacho que hizo la cubierta, Yoan Capote, creo es el artista mejor vendido hoy en Cuba. Y fue un artista de la Fundación Ludwig.”