Monday December 11, 2017

Tributo a un escultor: Alejandro de la Fuente habla sobre Rogelio Rodríguez Cobas.

El curador y professor de Harvard habla sobre el artista del Grupo Antillano.

Cobas en su estudio, ca. 1974

Cortesía de Alejandro de la Fuente

En el año 2013, Alejandro de la Fuente curó la exposición Drapetomanía: Exposición Homenaje a Grupo Antillano, acerca de un movimiento cultural que emergió en cuba a fines de los años 70s e inicios de los 80s. Ahora, de la Fuente escribe conmovido sobre uno de sus fundadores, el escultor Marcos Rogelio Rodríguez Cobas, quien falleciera a inicios de Diciembre.

"Cobas, Escultor"

En su caso, nunca hubo duda alguna: su fuente de inspiración, sus materiales, el lenguaje artístico, el propósito mismo de su obra, todos estaban anclados en el manantial inagotable de la cultura afrocubana. Es ciertamente apropiado, porque la cultura afrocubana siempre ha navegado por los cauces de la informalidad, que la noticia nos llegara como un susurro, un rumor difundido por amigos y admiradores, parca en detalles, carente de confirmación oficial: Marcos Rogelio Rodríguez Cobas, el gran maestro del arte afrocubano, uno de los escultores más prolíficos e importantes de la isla durante las últimas cinco décadas, ha fallecido. Tenía 89 años.

Nacido en Santiago de Cuba en 1925, Cobas comenzó a trabajar en la década de 1950, después de graduarse en la Escuela Nacional de Artes Plásticas San Alejandro en la Habana en 1951. Según su testimonio, fue hacia fines de esa década que comenzó a estudiar seriamente las  culturas y religiones afrocubanas como fuentes de inspiración para su trabajo. En la década de 1960 eligió la madera como su material más importante, una decisión deliberada y consciente que refleja el afán personal de vincular su arte con tradiciones diaspóricas africanas y afrocaribeñas. "De todos los materiales que se utilizan en la escultura--Cobas explicó en 1981--considero que es la madera el más idóneo para mis expresiones netamente latinoafricanas... en las selvas, donde habitan mis antepasados no muy remotos, es el árbol la génesis de todo lo que rodea al hombre... mi arte está motivado por mis condiciones étnicas."

Esta "motivación" se convertiría en el rasgo definitorio del trabajo artístico de Cobas, a pesar de que en la década de 1970 las autoridades culturales percibían las religiones populares afrocubanas como reliquias oscurantistas que eran básicamente incompatibles con una sociedad socialista nueva, moderna y técnicamente sofisticada. Como otros artistas comprometidos con la cultura afrocubana de esa época, Cobas aprendió a ocultar sus simpatías religiosas y culturales en piezas que, parafraseando al escritor jamaicano-nigeriano Carlton Lindsay Barrett, "no representan y sin embargo expresan totalmente y con eficacia" el poder y la belleza de las deidades Yoruba. Sus majestuosas esculturas totémicas de este periodo realista mágico deben mucho a Agustín Cárdenas y algunas de las piezas fueron claramente concebidas como homenajes a Wifredo Lam.

En 1978 Cobas se convirtió en miembro fundador de Grupo Antillano (1978-1983), un grupo de artes visuales fundado por el escultor y grabador Rafael Queneditt Morales que rápidamente se convirtió en un movimiento cultural afrocubano multifacético y vibrante. Estos fueron años de gran productividad, pues Grupo Antillano organizó treinta y dos exposiciones entre 1978 y 1982. Estos también fueron años de fructífera colaboración con Lam, quien se convirtió en el mentor y "Presidente honorario" del grupo, participando personalmente en varias exposiciones con ellos.

Lam se convirtió en un admirador de Cobas durante los años de Grupo Antillano, algo que este último siempre recordó con gran orgullo. Por esa época Cobas comenzó a transitar hacia un período nuevo y particularmente creativo, caracterizado por esculturas que, al insertar piezas metálicas industriales en la madera (tornillos, tuercas, hélices pequeñas), resultan en mecanismos paradójicos, contradictorios, posmodernos, que con frecuencia él denominó "satélites" o "máquinas". Creo Cobas intentaba recordarnos que, a fin de cuentas, la modernidad fue creada por los africanos, por su ingenio y mano de obra y, también, que las quimeras tecnológicas de hoy son atemporales, consustanciales a la existencia humana.

Rogelio Rodríguez Cobas, Satélite 10, 1997

Cortesía de Alejandro de la Fuente

La obra de Cobas está representada en varios museos y colecciones alrededor del mundo, aunque no en el Museo Nacional de Bellas Artes en la Habana. En 2013, la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas concedió a Cobas su reconocimiento más importante, el Premio Crecemos, por toda una vida dedicada a la excelencia en la escultura y en el arte. Cobas recibió el premio en su modesto estudio de la Habana Vieja, el lugar donde produjo gran parte de su obra, de manos de dos de sus compañeros de Grupo Antillano: Alberto Lescay y Rafael Queneditt. Fuera del estudio colgaba un envejecido cartel que, espero, no sea removido nunca.  Simplemente dice: "Cobas Escultor".

p> Alejandro de la Fuente es el Director del Instituto de Investigaciones Afro-Latinoamericanas y Co-Director del Programa de Estudios Cubanos de la Universidad de Harvard. Como historiador se especializa en el estudio de la esclavitud y las relaciones raciales y ha comisariado dos exposiciones sobre temas raciales: Queloides: Raza y Racismo en el Arte Cubano Contemporáneo (2010-12) y Drapetomanía: Exposición Homenaje a Grupo Antillano (en curso).