Monday December 11, 2017

Al otro lado del puerto de la Habana

Una urbanista mira a Casablanca y su propuesta de desarrollo

La vista de La Habana desde el Cristo de Casablanca.

Cortesía de Panoramio-Talavan.

Del otro lado del canal del puerto, frente a La Habana Vieja existe un pequeño asentamiento marinero que comparte una colina con una fortaleza Patrimonio de la Humanidad. Se llama Casablanca y es marco paisajístico de un centro histórico de igual categoría, tiene una de las cuatro mayores esculturas de Cristo que existen en el mundo, conserva en funcionamiento un tren eléctrico de principios del siglo XX y es el asentamiento habanero con topografía más abrupta y visuales más privilegiadas.

Si toma la “lanchita de Casablanca” en el muelle de Luz, en minutos conocerá su ambiente pueblerino y tranquilidad; tal parece que no se está en la ciudad.

La lanchita de Casablanca.

Cortesía de Felicia Chateloin Santiesteban.

Su trazado urbano intenta seguir la tradicional cuadricula, sin lograrlo. A lo largo, las vías tienen trazados sinuosos y a lo ancho, se combinan calles empinadas y estrechos callejones; pendientes que obligan a escaleras y curvas crean ambientes sorpresivos para cualquier caminante.

La altura de las edificaciones varía, las más son de una planta, algunas de dos y muy pocas más altas. Hay rupturas producidas por terrenos libres y callejones, pero no impiden la integración visual del conjunto, de perfil muy irregular, volúmenes muy marcados, y diferentes niveles de las terrazas. Su arquitectura es modesta y popular.

Una vista de Casablanca, con calle Artes a la derecha.

Cortesía de Felicia Chateloin Santiesteban.

Su calle más importante, Artes, conserva algunas edificaciones antiguas de más empaque, como la casa Lavale, una verdadera joya en peligro por su lamentable estado constructivo. La mayor virtud de Casablanca, es la del conjunto, que la hace “dueña de su entorno paisajístico”.

Sin embargo, estando tan cerca de La Habana Vieja, son pocos los viajeros que disfrutan de una visita a Casablanca, ni conocen su singular historia.

Un grabado de Federico Mialhe, s. XIX, de Casablanca.

Cortesía de Felicia Chateloin Santiesteban.

Hacia mediados del siglo XVIII, en la margen derecha del canal del puerto, existía un almacén de la Real Hacienda y Marina cuyo origen se remontaba a fines del siglo XVI. Dicen que su color siempre fue blanco y que allí nació un caserío, que por esa época llamaban Casablanca. El lugar era conocido por “el cerro de la cabaña”, una colina con excelentes visuales hacia la joven capital cubana. En sus colindancias, a la entrada del canal, estaba el castillo de los Tres Reyes de Morro, por entonces la más importante fortificación habanera.

La Habana, que era muy deseada por potencias extranjeras, es atacada en 1762 por una escuadra inglesa que aprovecha lo desprotegido que estaba este cerro y logra rendir al Morro y dominar la ciudad. En 1763, España, cambia La Habana por La Florida y finaliza la ocupación inglesa. La elevación se fortifica por su importancia estratégica y en 1774 se termina la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, la mayor de las construidas por España en América.

Un grabado, s. XIX, de Casablanca y La Habana del otro lado del canal del puerto.

Cortesía de Felicia Chateloin Santiesteban.

Lejos de afectar, esto impulsa el desarrollo del caserío, que figura oficialmente hacia 1790; se crean almacenes, carpinterías, muelles y talleres, vinculados a los buques guardacostas y a los ingenieros militares y aumentan las viviendas. Casablanca y La Cabaña comenzaron a compartir la colina y la vida.

A mediados del siglo XIX el pequeño pueblo de trabajadores y pescadores vive otro impulso, siempre muy ligado al de La Habana y su puerto; sus terrenos se valorizan, se construyen nuevas viviendas, servicios para la comunidad, aumentan los viveros de peces para su comercialización, se construyen caminos que lo conectan con otros asentamientos y se regulariza el transporte para cruzar la bahía. En 1841 el asentamiento es una Capitanía de Partido adscrita a La Habana y en 1851 ya es parte de la capital.

De fundación y crecimiento espontaneo, no tuvo parroquia hasta1855 y su templo actual, con advocación a la Virgen del Carmen, fue el último construido en La Habana el siglo XIX, entre 1893 y 1898.

Una calle en Casablanca.

Cortesía de LoftHabana.com.

Pero el florecimiento de Casablanca llegó con el siglo XX. Por estos años se inauguran la estación de correos y telégrafos, se instala el servicio telefónico de larga distancia, se arreglan las calles, se construyen hermosas viviendas, la Casa de socorros, el cuartel de bomberos, entre otros. En 1908 se establece en lo alto de la colina de Casablanca el Observatorio Nacional, antecedente del actual Instituto Nacional de Meteorología.

Soñaron en Casablanca con ser el Brooklin de La Habana cuando en 1909 se proyectó un puente de estructura metálica que uniría ambos lados del canal del puerto, y aunque no ocurrió, la ingenua idea demuestra la importancia del momento.

Una representación del puente propuesto en 1909.

Cortesía de Felicia Chateloin Santiesteban.

En 1911 un sistema de vapores, llamados “ferrys”, daba viajes de Casablanca a La Habana, transportaba mercancías, materiales de construcción, pasajeros y cortejos fúnebres, y hasta hubo un cabaret flotante. Por los años 20 comenzaron a funcionar las lanchas de motor, que llegaban a los muelles de Caballería y de Luz y aun es su principal transporte público, pero solo llegan al recién restaurado Emboque de Luz.

Pero la mayor popularidad de Casablanca, se la dio el Tren de Hershey, que nació con el primer central azucarero que uso tracción eléctrica para llevar la caña a la fabrica y el azúcar al puerto de embarque; luego de aprobarse en 1916 The Hershey Cuban Rail Road Co, se inauguró este “tren eléctrico” en octubre de 1922, iría de Casablanca a Matanzas, con pasajeros, carga y correo. Es único en Cuba y si algo singulariza Casablanca, es conservarlo en funcionamiento. En su viaje pasa por los restos del antiguo central Hershey, llamado luego Camilo Cienfuegos y desmantelado a partir del 2002.

El Tren de Hershey en la estación de Casablanca.

Cortesía de IndianaJo.com.

Un acontecimiento popular fueron las fiestas patronales; comenzaban la víspera, con juegos, competencias, retretas en el parque y el día del Carmen, 16 de julio, la Virgen iba en procesión de la iglesia al emboque de Casablanca y era paseada por la bahía. Había fuegos artificiales, kioscos de ventas temporales y la actividad, de gran arraigo popular, atraía numerosos visitantes. La tradición se mantuvo hasta los 1960 y aun los más viejos la recuerdan con añoranza.

Pero nada es más significante que la colosal estatua del Cristo de Casablanca, que da la bienvenida al centro histórico. Se inauguró el 25 de diciembre de 1958 por el presidente Fulgencio Batista, días antes de que el huyó del país y triunfaba la Revolución el 1ro de enero de 1959. Esculpida por Jilma Madera, la figura tiene alrededor de 18 metros de alto, su mano derecha está sobre el pecho y la otra, bendice a La Habana.

Vista extendida de La Habana del Cristo de Casablanca.

Cortesía de Felicia Chateloin Santiesteban.

El paisaje desde el Cristo es espectacular, se aprecia la mejor imagen de La Habana, moderna y antigua, los cambios de iluminación según la hora del día abarcan todos los colores de la ciudad, las perspectivas son únicas, vistas desde una posición elevada como si estuviéramos en un balcón. Si se mira hacia la bahía se tendrá la visión mas abarcadora de sus instalaciones recreativas e industriales, la terminal de Cruceros, el Castillo de la Fuerza, el malecón y los parques de la Avenida del Puerto diseñados por Forestier; a su lado se ven el litoral, la Cabaña, el Morro y su faro; a lo lejos el serpenteante Malecón rematado por el Vedado, y un mar panorámico que confirma el carácter marino de La Habana.

Casablanca es un lugar privilegiado por las cualidades del paisaje, y por la cercanía a La Habana Vieja. Actualmente predomina la falta de mantenimiento y la ausencia de funciones que la animen. El proyecto de revitalización del Puerto y el Centro histórico se propone adecuar viejas instalaciones con miras al turismo, y las estructuras industriales y fabriles en activo se trasladarán a la zona de Mariel.

Una vista de Casablanca desde Habana Vieja, con el Cristo de Casablanca y el Observatorio Nacional a la izquierda.

Cortesía de Panoramio-CadameTVonAir.

El desarrollo recreativo, cultural y turístico del puerto, con variadas instalaciones y la terminal de cruceros mas importante del país, pueden desatar la gentrificación de Casablanca y desplazar su población actual o impulsar su desarrollo armónico, despertando y animando sus potencialidades y elevando el deprimido nivel de vida del lugar al renovar sus relaciones tradicionales, beneficiándose ambos.

Casablanca está en un momento decisivo de su historia.

Felicia Chateloín Santiesteban (La Habana, 1949) Arquitecta, urbanista, crítica, investigadora, Master en rehabilitación del patrimonio construido, Doctora en Ciencias Técnicas. Profesora Titular y Consultante de la Facultad de Arquitectura de la Habana, CUJAE, y del Colegio Universitario San Gerónimo, Universidad de La Habana. Ha trabajado por más de treinta años en el campo de la preservación del patrimonio cultural construido; ha impartido conferencias en Cuba, España, Costa Rica, Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Puerto Rico, Estados Unidos, Guatemala y Francia. Es autora del libro, La Habana de Tacón  y  coautora de otros. Ha publicado numerosos artículos en Cuba y el extranjero.