Wednesday December 13, 2017

El cine cubano de Papacito Bach

Sobre el negocio de producir, distribuir y promover cine cubano, con y fuera de la isla.

Héctor Medina en Viva (2015), la película irlandés filmado en La Habana por director Paddy Breathnach.

Cortesía de viva-movie.com 

El nombre de Jesús Hernández aparece en unos de los eventos de cine más importantes de la última década en Cuba y, desde hace tres años, en Nueva York. Pero muchos lo conocen más por su apodo de la infancia, Papacito Bach. Cuando decidió establecerse en Nueva York y crear su empresa productora de cine, eligió también ese seudónimo para Bach Media.

Tiene ahora la doble visión del cine cubano que se hace dentro de la Isla, pero también de cómo la industria norteamericana y otras productoras extranjeras participan, o quieren participar. “Existe un interés real en trabajar en Cuba, en estar en Cuba, ahora mismo es como plantar bandera en la Luna, en una isla que hasta hace poco no estaba en el panorama norteamericano”, afirma.

Jesús Hernández, "Papacito Bach," en frente de Mar de noche, una obra por Yoan Capote visto en la película La pared de las palabras.

Cortesía de Jesús Hernández

Desde que estudiaba en el Instituto Superior de Arte en La Habana, Papacito Bach empezó a participar en cuanta producción audiovisual interesante se movía a su alrededor, además de producir sus propios cortometrajes. Así fue un coordinador en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en el año 2012, y luego productor en varios proyectos con Sally Berger, quien fuera entonces al MoMA de Nueva York. También colaboró con los realizadores Minda Martins, Gordon Quinn, fundador de Kartemquin y  Simon Kilmurry, quien fuera entonces el Director Ejecutivo de POV; con el director alemán Fatih Akin y con los irlandeses Paddy Breathnach y Mark O'Halloran, los autores de Viva (2015). Un momento que recuerda especialmente fue cuando Fernando Pérez le propuso ser productor asistente de su primera película producida fuera del ICAIC, La pared las palabras

Jorge Perugorría y Carlos Enrique Almirante en La pared de las palabras (2014), dirigido por Fernando Pérez.

Cortesía de Havana Film Festival New York.

Una tarde de primavera en Nueva York, conversamos en su estudio en Lower Manhattan.

¿Cuál es tu impresión sobre el interés que percibes en Estados Unidos acerca de Cuba, como lugar, sociedad, y para la realización de proyectos audiovisuales allí?

Veo un interés real hacia Cuba. Lo ha habido desde hace años, al menos en la ciudad de New York, si analizas quienes han trabajado con instituciones en Cuba desde hace más de 15 años son muchos de NY. La conexión entre esta ciudad y La Habana en particular es muy fuerte.

Pero también existe mucho desconocimiento de manera general sobre el país y como somos los cubanos ni que hablar del cine cubano, aunque hayan esfuerzos en la ciudad que han traído cine cubano durante más de una década. Desde hace pocos años se nota como fondos, fundaciones y otras instituciones vinculadas al cine en Estados Unidos han hecho palpable su deseo de trabajar con los cineastas cubanos y sus proyectos.

¿Qué opinas de la “nueva” visión de Cuba que se empieza conformar con la llegada de nuevas empresas y productoras de cine y de arte en general, después del 17-D?

Hay un creciente número de personas ya con proyectos en la isla, lo interesante es ver cómo han aparecido en el paisaje factores a los que antes no les era permitido ni siquiera mencionar el nombre Cuba. Ya hay empresas norteamericanas con licencia para operar producciones dentro de la isla, aprobadas por los gobiernos norteamericano y cubano para trabajar en el país.

Sin embargo, las productoras independientes allá aún se encuentran en desventaja con respecto a los grandes capitales que comienzan a invertirse en el país. No se habla de ello, a ningún nivel. Nadie dice nada, y los realizadores cubanos, unos más que otros, trabajan cada vez más con contrapartes extranjeras o digamos mejor, en su mayoría para contrapartes extranjeras.

Una escena de The Fate of the Furious (2017) filmado en La Habana. La película ha ganado más que US$1 mil millones mundial.

Cortesía de Hollywood Reporter.

Ojalá no nos convirtamos en una mera fuente de mano de obra barata para Hollywood como ya estamos comenzando a ver. Para nadie es un secreto que las producciones buscan paraísos fiscales, locaciones y equipos técnicos más baratos y en este caso se suma el exotismo caribeño cubano al panorama. Muy pocos quieren potenciar el cine hecho desde la isla por los cubanos, le interesa a sus realizadores y cada uno está luchando por hacer su obra, por financiarla, por sobrevivir en Cuba.

Existen contados productores creativos en el país, con una visión global de cómo llevar adelante un proyecto y ahora mismo el río está revuelto, así que ya sabemos lo que pasa… La visión sobre Cuba que llega al main stream está siendo sesgada, es muy parcializada, de ahí que para nosotros en Bach Media, la ciudad de New York como epicentro sea tan importante.

¿Cómo afectan las regulaciones legales la producción de empresas norteamericanas en la Isla?

Las regulaciones legales para trabajar con Cuba se han relajado un poco en los últimos tiempos de ahí que en muchos casos ya no sea necesario una licencia específica para trabajar con Cuba en algunos casos o para viajar a la isla. No obstante, existen limitantes para realizar proyectos como pueden ser los de ficción y otros que aún están sujetos a leyes que no permiten el trabajo directo con Cuba.

Se ven resultados concretos en el diseño, la música, las artes plásticas, el teatro y en el caso del cine en los últimos años el trabajo que ha retomado Sundance Institute en La Habana con sus mini-Features Labs y la serie “Made in Cuba” como resultados palpables.

Santa y Andrés (2016). El próximo proyecto del director Carlos Lechuga era uno de los tres elegido para el Sundance Institute mini-Features Lab en La Habana en diciembre 2016.

Cortesía de Toronto International Film Festival.

Los realizadores cubanos tienen cierta desventaja cuando trabajan con algunas empresas extranjeras, cuando se les puede llegar a tratar como mano de obra barata. ¿Cómo ves el tema, y cómo sería posible en tu opinión quebrar ese colonialismo que se sigue imponiendo en muchos sentidos, y desde tu trabajo en Bach Media?

El cine cubano desde la crisis de los 90 tuvo que recurrir a las coproducciones para continuar las filmaciones. Eso significó hacer algunas concesiones a la industria foránea a cambio de presupuesto, pero esto sucede en todas partes del mundo. Desgraciadamente, a veces al estereotipo se acentuaba y primaba en las películas cubanas de esos años. Pero el trabajo incansable de mucha gente logró que salieran también muy buenos filmes. Luego han entrado agentes de venta y distribuidores de varias partes del mundo aunque aún el cine cubano no se distribuye a una gran escala.

En su mayoría los realizadores terminan firmando contratos que los atan de manos y pies por años sin ver muchas ganancias de sus películas ni tampoco salarios de una alta remuneración. Eso, en el mejor de los casos que los realizadores terminen haciendo sus proyectos. En Cuba, cada vez más, se hace una obra por encargo o se contratan especialistas para cubrir determinados roles en los equipos de producción.

¿Cuánto cobra cada persona? ¿Cuántas horas trabaja y qué realiza? Es algo que tampoco está legislado. En muchos casos, los propios realizadores tampoco saben cómo proceder, ni tienen a dónde acudir por asistencia. No hay muchos abogados de entretenimiento en Cuba ni se ha trabajado en función de ese marco legal que va más allá de la industria vista como hasta hace poco en el país. Sumémosle a esto, la economía subterránea e inflacionaria de Cuba que juega un papel muy importante en todo el proceso.

La obra del siglo (2015), una producción independiente galardonado dirigido por Carlos Machado.

Cortesía de Havana Film Festival New York.

Hace unos años la producción independiente en Cuba era muy precaria, mientras que ahora han surgido proyectos más organizados y que se establecen como empresas productoras. Cuéntame sobre tu experiencia. 

La producción de cine en Cuba de manera general se volvió precaria como la vida en sí misma en el país. El cine no escapó a ello, pero siempre hubo gente trabajando y moviendo sus proyectos.

Sin embargo, la producción independiente en Cuba no es nueva, viene desde hace muchos años, cuando realizadores con un empeño tremendo hacían y aún hacen sus obras. Es cierto que el acceso a la tecnología, una mayor producción y una mayor visibilidad de esta ha hecho que se vean ejemplos concretos de productoras independientes dentro y fuera del país.

Cuba se ha quedado rezagada con respecto a muchos países de la región que producían e incluso producen mucho menos cine que nosotros. No existe un marco legal, un incentivo fiscal, regulaciones que aúnen el trabajo de los cineastas cubanos.

Venezia (2014), una producción independiente por Kiki Álvarez.

Cortesía de Havana Film Festival New York.

El cine cubano no está potenciando la producción independiente de la misma manera que estimula otros sectores de la cultura, por no hablar la economía cubana. No se ve al cine cubano independiente como una industria, como no se ve al cine cubano en general como industria en lo absoluto.

Países como República Dominicana y Panamá por citar ejemplos de la región han comenzado a cambiar su marco legal para atraer la atención de capital hacia la industria e incrementar su producción local. En Cuba, desde hace años el G-20 está trabajando en una propuesta muy seria para implementar una muy necesaria ley de cine en Cuba, más allá de la política del ICAIC.

¿Cuáles son los proyectos más interesantes que has realizado con Bach Media, qué hacen ahora y qué planean para el futuro?

Bach Media se está moviendo en varias direcciones ahora mismo, pero para nosotros es vital generar contenidos cubanos hechos por cubanos y que tengan un alcance mucho más allá de la isla. Igualmente es vital promover, programar y visibilizar lo que se hace en Cuba hoy. Es difícil. No se piensa en destinar un presupuesto para el marketing de una película, cuando en las grandes industrias a veces esa parte del presupuesto puede ser hasta el doble de lo que usan para filmar.

Ella trabaja (2007), un cortometraje por Jesús Hernández, presentado este mes en el CUNY Grad Center en Nueva York.

Cortesía de gccuny.com.

Hago este trabajo porque es muy importante que se conozca en Cuba y fuera de ella por donde está TODO el cine cubano. Y nuestro alcance crece por día. Se enteran cada vez más personas de Estados Unidos y más personas de todo el país de lo que pasa con el cine cubano. Las redes sociales son para nosotros de una importancia sin igual, no se puede subestimar el acceso cada vez más cotidiano que tienen los cubanos a internet y cómo eso impacta en todo el país. Estamos trabajando en el desarrollo y la producción de cuatro largometrajes documental y en la programación de cine cubano en Estados Unidos, sobre todo el Nueva York.

Lidia Hernández Tapia (Holguín, 1991) Estudió Periodismo en la Universidad de La Habana (2013) y trabajó en varios medios de prensa en Cuba, como la revista OnCuba magazine. Actualmente cursa Maestría en Periodismo en CUNY Graduate School of Journalism, New York.