Wednesday August 16, 2017

VIDEO - Sirique: una figura de la música cubana retorna a través de fotos olvidadas

Imágenes de Ernesto Fernández que parecían perdidas testimonian la influencia de un hombre en la música popular de los años 60.

De la serie de fotos sacado por Ernesto Fernández en la herrería de Sirique en enero de 1967.

Cortesía de Ernesto Fernández

Herrero de día, músico y promotor sonoro en sus días libres, Alfredo González Suazo—más conocido por Sirique- condujo en los años 60 uno de los espacios más importantes de la música tradicional en su propia herrería. Un día, el joven fotógrafo Ernesto Fernández lo descubrió y registró este espacio.  José León Díaz conversó con Fernández sobre esta circunstancia, en un texto- adaptado con autorización- de la revista cubana Revolución y Cultura. Y como un feliz añadido, un documental clásico sobre La Peña de Sirique.

Esta increíble serie de imágenes, cedidas por el fotógrafo Ernesto Fernández para su publicación, comenzaron mucho antes en el tiempo. Con un personaje, Alfredo González Suazo, a quien todos conocen por Sirique en la historia de la cultura cubana. Nació el 29 de septiembre de 1895, en una casa de la calle Trinidad entre Consejero Arango y Carvajal, en la barriada de Carraguao, El Cerro, donde prácticamente desarrolló toda su vida.

A los diez años de edad comenzó a aprender el oficio de herrero, en la fundición de León Leoni, donde tuvo por maestro al experto fundidor Jaime El Catalán. En 1912 ya era mecánico en los talleres ferroviarios de Ciénaga, donde llegó a ser jefe del Departamento de Maquinarias.

Con sus compañeros de trabajo formó un equipo de baseball, ahí nació el apodo de Sirique, herencia de su padre: Valentín González, reconocido jugador y árbitro, miembro del Salón de la Fama de este deporte. Chofer de alquiler, en 1927 Sirique instaló su propio taller de herrería allí mismo, donde estaba su peña.

Sirique en una foto de Ernesto Fernández, sacado en enero de 1967.

Cortesía de Ernesto Fernández

Sirique, hay que decirlo, era un gran aficionado de la música. Y era un promotor nato, dueño de un carisma que le facilitaba la relación con todo cuanto brillaba en el universo musical cubano de aquellos años. Llegó incluso a contar con un espacio en la radioemisora CMCQ, adonde convocaba a sus amigos, es decir, los músicos.

Luego del triunfo de enero de 1959, Sirique tuvo la idea de organizar todos los domingos una peña de música tradicional, y la herrería de Santa Rosa e Infanta fue la sede escogida por él para esta nueva aventura. Hasta allá podía llegar todo amante de la música cubana, y disfrutar de ella gratuitamente. Solo estaba prohibida la ingestión de bebidas alcohólicas. Es decir, los asistentes solo acudían por el plaisir de la musique.

Como complemento a la peña, Sirique decidió formar en 1962 un conjunto integrado por viejos soneros jubilados, que en otros tiempos fueron verdaderas estrellas. No sin ironía lo nombró Los Tutankamen, cuyo lema era: un maestro en cada instrumento y en conjunto un hogar de ancianos. Los Tutankamen constituyeron una suerte de antecedente del Buena Vista Social Club. Entre sus miembros se encontraban músicos de calibre como el tresero mayor Isaac Oviedo, Luis Peña el Albino y el famoso timbalero Chori.

El afamado percusionista conocido como el Chori, en una foto sacado por Ernesto Fernández en enero de 1967. Las botellas frente a æel son las que empleaba en su percusión, no olvidar que en la herrería de Sirique estaba prohibida la ingestión de bebidas alcohólicas.

Cortesía de Ernesto Fernández

Y la peña creció. Hasta el punto de que la televisión y el cine se hicieron eco de ella. Esther Borja, la gran dama de la canción cubana, realizó uno de sus programas Álbum de Cuba desde la popular herrería; y el Instituto Cubano del Cine filmó en 1966 un documental dirigido por Héctor Veitía, “La herrería de Sirique”, con fotografía de Mario García Joya y Marucha. La edición estuvo a cargo de Roberto Bravo y el sonido de Germinal Hernández., sin duda un valioso testimonio por las actuaciones que el realizador recogió para la historia.

Fue así que la peña de Sirique se convirtió en una de las más famosas que hayan existido en Cuba. Durante años congregó todos los domingos a los más célebres trovadores cubanos, entre ellos: el Trío Matamoros, Sindo Garay, María Teresa Vera, Odilio Urfé, los boleristas Bienvenido Julián Gutiérrez y Juan Pablo Miranda, entre otros. Notable participación también tuvieron los rumberos Agustín Pina, Flor de Amor, Mario Dreke y Osotolongo. Por si fuera poco, allí se celebraron homenajes a Sindo Garay en su centenario, al trío Matamoros, a Blanquita Becerra, popular vedette del Alhambra, a los destacados compositores Graciano Gómez, Oscar Hernández, Gonzalo Roig.

Aquella noche de enero de 1967, se homenajeaba al maestro Gonzalo Roig. Foto de Ernesto Fernández.

Cortesía de Ernesto Fernández

Una noche de enero de 1967, el joven escritor español Juan Marsé, miembro del jurado del Premio Casa de las Américas, invitó a la peña de Sirique a otro joven, el fotógrafo cubano Ernesto Fernández. La invitación se extendía a los demás integrantes del jurado.

Miembros del jurado del Premio Casa de las Américas 1967, que asistieron esa noche a la peña de Sirique. De izquierda a derecha, de pie: Germán Rozenmacher, César Fernández Moreno y Juan Marsé. En la segunda fila, sentadas, están las esposas de Fernández Moreno y de Marsé, entre otros jurados.

Cortesía de Ernesto Fernández

Ernesto, aunque conocía de Sirique y sus peñas, nunca había estado allí. Él me cuenta:

“El lugar impresionaba muchísimo. Y no lo digo solo con el ojo entrenado en buscar imágenes, sino por el contexto. Se trataba de un lugar propio de obreros, en realidad un taller, y sin embargo todos estaban muy bien vestidos. Daba una atmósfera parecida a la del Bronx, como me comentó un amigo norteamericano que viera las fotografías recientemente. La música, las luces, el humo creaban un ambiente extraordinario. Por casualidad, y por fortuna para mí, aquella noche homenajeaban a uno de los grandes de la música cubana de todos los tiempos, el maestro Gonzalo Roig, quien dicho sea de paso no solo era un gran músico sino también muy fotogénico. Es algo que, al ver las imágenes, le agradeceré eternamente a Marsé.”

Pregunté a Ernesto algunos detalles técnicos, esas curiosidades que a veces sentimos los aprendices de fotógrafo, y me respondió:

“Ni recuerdo con qué cámara hice las fotos. Sé que no era de mis favoritas, pues estas quedaron destruidas durante la batalla de Playa Girón, y tardé años en encontrar otras que me complacieran. Los negativos indican que era de 35 mm, y lo más seguro es que la estuviera probando esa noche.

De la serie de fotos sacado por Ernesto Fernández en la herrería de Sirique en enero de 1967.

Cortesía de Ernesto Fernández

“Pienso que en verdad se trata, más que de un trabajo, de un sentido homenaje a Sirique y a todos aquellos que tanto amor dieron a la música cubana. Todas las fotos las tomé en una sola sesión. Y nunca las toqué, ni siquiera las vi entonces. Casi cincuenta años después, cuando mi hijo Ernesto Javier se dio a la tarea de restaurar (gracias a las nuevas tecnologías) todas mis imágenes, fue que las vine a ver y quedé muy sorprendido. Eran unas tiras de negativos que había encontrado en la casa de mi madre, tras su fallecimiento. Es como un milagro de Dios.”

De la serie de fotos sacado por Ernesto Fernández en la herrería de Sirique en enero de 1967.

Cortesía de Ernesto Fernández

La peña de Sirique fue cerrada en 1968, luego de la llamada Ofensiva Revolucionaria, cuando fue nacionalizado el taller. Al administrador que la Revolución colocó allí no se le ocurrió continuar, o permitir que continuara aquella maravilla. Tampoco a ninguna institución cultural. Sin embargo, un detalle curioso: Sirique, su gran promotor, falleció el mismo día que comenzó, en Lajas, Cienfuegos, el Primer Festival de Música Popular Benny Moré, el 18 de febrero de 1980.

Bajo, el documental “La herrería de Sirique” dirigido por Héctor Veitía en 1966.

Cortesía de la revista Revolución y Cultura.

José León Díaz. Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana, 1985. Actualmente es subdirector de la revista Revolución y Cultura. Integró el grupo Nos y Otros entre 1982 y 1988. Ha Publicado Continuación del laberinto (poesía), y Solo por un tiempo y Habitación azul con begonias, ambos en narrativa.