Thursday December 14, 2017

Raúl Martínez: el arte Pop de la Revolución Cubana, llega finalmente a Nueva York.

Más de cuarenta piezas del artista cubano serán expuestas en el espacio Magnan Metz

Raúl Martínez, El abanderado (The Standard Bearer), 1970

Desde el 22 de Julio hasta Agosto 20, más de cuarenta piezas del artista cubano Raúl Martínez (Ciego de Ávila 1927-La Habana 1995) serán expuestas en el espacio Magnan Metz, de Nueva York. La muestra de fotografías, óleos, dibujos, collages procedentes de la colección del dramaturgo Abelardo Estorino, su compañero de vida, presentan ante el público norteamericano la creatividad de uno de los artistas más importantes del arte cubano del siglo XX. La muestra cuenta con apoyo de la Fundación Rubin, y fue organizada por Corina Matamoros, curadora del Museo de Bellas Artes. Ella realizó en dicho museo la retrospectiva de Martínez en 1988 y ahora escribe un libro sobre su creación.

Desde inicios de los años 50, junto a creadores como Guido Llinás y Tomás Oliva, Raúl integró el grupo denominado Los Once, que asumió el Expresionismo Abstracto de la Escuela de Nueva York en el contexto cubano. Cuando en 1959 los guerrilleros de Fidel Castro derrotan al ejército de Batista, Martínez trabajaba exitosamente como diseñador publicitario, oficio que le permite asumir la dirección de arte de la revista Lunes de Revolución (clausurada en 1960) junto a poetas como Heberto Padilla, Pablo Armando Fernández, Antón Arrufat y Guillermo Cabrera Infante. La creación de grandes lienzos abstractos continuó hasta 1963. Era la época en que la estética soviética anti-abstraccionista influía en el panorama cultural desde el sector tradicional de la dirigencia cubana.

Con la serie “Homenajes” (1964) Martínez se apartó de la ortodoxia abstracta para convertir la pintura en un campo expandido. En ella integró dos elementos: fragmentos de objetos “reales”, muebles, portadas de revistas, fotos de familia, que fueron fundidos a la estética espontánea del graffiti callejero: los slóganes políticos revolucionarios que los cubanos escribían con entusiasmo en las paredes de las ciudades. Contemporáneo del norteamericano Rauschenberg, las pinturas de Martínez se convirtieron en la crónica no oficial de un país en cambio.

Su creatividad se extendió más allá de la pintura. Impartió clases de Diseño en la Facultad de Arquitectura, de donde fue expulsado en la oleada homofóbica de los 60, y desde su casa, que compartía en el barrio del Vedado junto al dramaturgo Abelardo Estorino, ejerció el magisterio no oficial hacia los nuevos artistas cubanos. Fue uno de los diseñadores “estrella” del Instituto Cubano del Libro, que reprodujo sus portadas en tiradas millonarias para toda la población. Dejó huella en el diseño de carteles, como “Lucía”, de 1968, reproducido en el libro “The Art of The Revolution” (1970), publicado en USA con prólogo de Susan Sontag, en la reivindicación de la fotografía (“Foto-Mentira, 1965, junto a Mario García Joya), en el diseño de murales (Bienal de Venecia, 1984). En el lienzo mural “Isla 70” (1970, sala permanente Museo Nacional) reflejó los rostros jóvenes de la isla junto a sus líderes, y a partir de 1978, con “La Gran Familia”, integró la fotografía aplicada dentro de sus lienzos.

Su participación activa dentro de la vida y la cultura cubana del período no fue un proceso edulcorado. Junto a otros contemporáneos como Umberto Peña, Antonia Eiriz, Santiago Armada “Chago”, sufrió la censura “no declarada” propia del período, que le prohibió por ejemplo exhibir el mural que realizara por la muerte del Che (1967). La etapa conocida como Quinquenio Gris, con su militante política anti-gay, también afectó la proyección de su arte en Cuba y hacia el exterior. Eran los tiempos que en las autoridades culturales de la isla proclamaban como pro-imperialista” toda inserción del arte cubano en el mercado de arte internacional, una actitud de auto-aislamiento que ha afectado profundamente el coleccionismo y reconocimiento de los artistas cubanos de esa etapa.