Saturday December 16, 2017

Hacerse el Bobo: Apuntes para una tradición de la política cómica en Cuba.

Sobre las conexiones entre el arte cubano contemporáneo y la sátira política de años pasados

Sandra Ramos, La anunciación, 1994.

Cortesía de Pan American Art Projects.

En Miami, Hacerse el Bobo toma como punto de partida la figura de El Bobo de Abela, la querida creación de 1926 del artista y caricaturista Eduardo Abela. Janet Batet echa un vistazo más de cerca al Bobo y sus sucesores satíricos en el trabajo de tres artistas cubanos contemporáneos.

“El Bobo”, creación del pintor y caricaturista cubano Eduardo Abela (1889-1965), apareció por primera vez en 1926, para luego hacerse un asiduo de varios periódicos durante la próxima década. La tradición de “hacerse el bobo” se remonta a la historia colonial cubana, pero la existencia de ”El Bobo” está indisolublemente ligada a los años en el poder de Gerardo Machado, entre 1925 y 1933, caracterizados por la corrupción, la sangrienta represión y la censura.

De cara bonachona y enraizado según su propio autor en la “sociología criolla” del cubano, el Bobo de Abela, asumió un sinfín de símbolos que le permitían eludir la censura política del momento, destacando entre ellos la vela, la trompeta, la bufanda, la bandera y el traje de lana de tres piezas ataviado de bolas. Los diálogos entre personajes, entre los que destacan el padrino y el profesor, están también plagados de mensajes y vocablos cifrados que eran decodificados por el ávido lector.

Cortesía de Pan American Art Projects.

La muestra Hacerse el Bobo, a cura de Irina Leyva-Perez y Alejandro Machado, se abrió al público en la Galería de Pan American Art Projects (PAAP) el 20 de mayo (fecha de la proclamación de la República de Cuba) y corre hasta el 15 de julio. Toma como punto de partida al popular personaje de Abela, del cual incluye dos  viñetas (una tinta y una acuarela) a modo de antesala o avant-goût  para dar paso a obras de artistas contemporáneos cubanos cuyas propuestas en un momento u otro han bebido de ese vasto manar que desde el punto de vista retórico constituye el “El Bobo” de Abela. Son ellos Lázaro Saavedra, José Ángel Toirac y Sandra Ramos.

Eduardo Abela,Sin título (Naderías).

Cortesía de Pan American Art Projects.

Lázaro Saavedra

Pocos personajes han trascendido dentro de lo que podríamos llamar el panteón de la política cómica cubana como los “hombrecitos” de Lázaro Saavedra (La Habana, 1964). Tendríamos que mencionar en este variopinto y genial mausoleo a otros imponderables como “Liborio” de Ricardo de la Torriente, “El Bobo” de Abela, “El Loquito” de René de La Nuez y el “Salomón” de Chago Armada.

Los “hombrecitos” de Lázaro están cargados de sarcasmo. Crítica y crónica cáustica, sus “hombrecitos” -un tanto brechtianos, un tanto godotianos- buscan descifrar el absurdo de la situación  que les toca vivir, entrando unas veces en diálogo consigo mismo en una suerte de desdoblamiento existencial y otras con personajes de la historia universal o local como Karl Marx, Krishnamurti, Jesús, San Lázaro, Elpidio Valdés o, como en este caso, “El Bobo” de Abela.

Lázaro Saavedra, El cuarto pilar, de la serie Galería I Meil.

Cortesía de Pan American Art Projects.

En “El cuarto pilar”, “El Bobo” de Abela y el “hombrecito” de Lázaro en curioso diálogo transgeneracional –como si nada hubiera cambiado- parecen “matar el tiempo” mientras conversan y se toman un trago.  “El Bobo” está en camiseta –ya no viste su traje de lana ni su acostumbrada bufanda. Podríamos adjudicarlo al calor o a que Saavedra ha querido recontextualizar al personaje de Abela poniéndolo a la usanza del cubano de hoy, pero esto sería quedarnos en la superficie de una obra que sabemos no tiene nada de inocente.

El traje de lana ataviado de bolas y la bufanda ya nos son necesarios. El traje de bolas que alude al “come bolas” –en el argot popular cubano ese que engulle cualquier cosa que le digan- y la bufanda que alude al trabajo que se pasa para tragarse la “guayaba” (la mentira) están de más. Asistimos a una subversión de valores y de las reglas de juego que es enfatizada por el triste diálogo de los personajes y el cuarto pilar enunciado en el mural que sirve de inspiración a la pieza.

“El cuarto pilar” es parte de la enjundiosa serie Galería I Meil creada por Lazaro Saavedra en 2007 desde lo que el artista llama -en un acto simbólico de secesión,  “la República independiente del Cerro”.  Galería I-MEIl responde en muchos sentidos a la realidad cubana de hoy, buscando canales alternativos a la difusión de la obra y el acontecer cubano del momento.

José Toirac, Cuánta verdad, 2017, de la serie Un falso Abela, un auténtico Toirac.

Cortesía de Pan American Art Projects.

José Ángel Toirac

La obra de José Ángel Toirac (Guantánamo, 1966) es una constante revisión de la historia de Cuba. Porfiado exégeta de la imagen presentada en los medios de comunicación cubana, su propuesta de dimensión socio-arqueológica, escudriña incisivamente zonas oscuras de la historia oficial cubana. De admirable erudición, la obra de Toirac está cargada de un sinnúmero de lecturas que estructuradas en estratos pueden resultar a ratos críptica para el receptor no avisado dada la plétora de citas e interconexiones implícitas en ella.

La serie “Un falso Abela, un auténtico Toirac”, de la que se exponen dos obras ahora en Panamerican Art Projects parte del creciente fenómeno de falsificación de arte en  La Habana como consecuencia del progresivo interés en el mercado de arte cubano al tiempo que entronca con otra de las líneas de indagación que caracterizan la obra de este artista. Toirac ha trabajado el tema del original y la copia en múltiples ocasiones a través de su trayectoria artística.

Obras por José Toirac en Hacerse el Bobo.

Cortesía de Pan American Art Projects.

En “Un falso Abela, un auténtico Toirac” la única acción del artista es la de firmar la obra -una obra falsa adquirida en el mercado negro-, trastocando el “falso Abela” en un “auténtico Toirac”. El acto de la firma y el título aducen en un primer nivel de lectura, a ese rancio dilema de la copia y el original, pero la aparente banal subversión implica a un tiempo la recontextualización del contenido original de la obra de Abela a situación actual que vive la isla.

Esta serie es la que sirve de inspiración a la serie “Hacerse el Bobo”, expuesta ahora en Panamerican Art Projects. En ella, Toirac  con la misma intención se apropia de viñetas de El Bobo de Abela procedentes de la década de los años treinta del pasado siglo enfatizando la pertinencia de la problemática original tratada (migración, libertad de expresión, corrupción) en la sociedad cubana de hoy a partir del manejo eficiente de recursos mínimos: firma, fecha y lugar de realización.

José Toirac, La caída, 2016, de la serie Hacerse el Bobo.

Cortesía de Pan American Art Projects.

Dentro de esta serie, aparecen dos obras fechadas en 2016, aunque su realización es de 2017. La fecha retroactiva busca enfatizar el momento histórico al que hacen referencia las mismas y sólo puede ser completada su lectura cuando contempladas anverso-reverso.  Este rejuego implica también una alusión –al tiempo que homenaje- a los continuos ardides de “El Bobo” en su afán de burlar la censura y pasar el mensaje de manera cifrada.  

Sandra Ramos

De profundo carácter autobiográfico, la obra de Sandra Ramos (La Habana, 1969) está impregnada de lirismo. Como el personaje de Lewis Carrol (no olvidar que una de sus primeras series: “El último viaje de Alicia”, 1992, partía de este personaje que debe ser considerado la antesala del avatar que definitivamente tipifica la obra de Sandra Ramos que apareciera justo después de esta serie en 1993), la protagonista de la obra de Sandra Ramos se caracteriza por la inocencia y la ternura. 

Esa curiosidad infantil que pregunta si tapujos y que encuentra en la fantasía la respuesta más idónea a sus genuinas disquisiciones existenciales.  Amparada en un avatar que nos transporta a la infancia, el personaje principal que anima la propuesta de Sandra Ramos es una pupila ataviada con el típico uniforme cubano de educación primaria (curiosamente sin pañoleta ni zapatos).

Sandra Ramos, A orillas del río Lete, 2012.

Cortesía de Pan American Art Projects.

El rostro de este avatar es una simbiosis del retrato de una princesa holandesa y un retrato de la artista de cuando tenía unos 10 años de edad. Este avatar descalzo y soñador busca desesperadamente asideros que le permitan entender su propia condición, su lugar en el mundo. Movido por esta pesquisa el personaje revisita personajes de la historia cubana y universal. Cual Penélope teje y desteje una y otra vez la compleja madeja engarzando en este cauce único un exquisito tapiz de la historia insular cubana.

“Hacerse el Bobo” comprende 6 grabados de Sandra Ramos y una animación.  “La anunciación” es sin lugar a dudas una obra de delicada beldad. En ella, “El Bobo”, cual arcángel Gabriel, pasa la lumbre a Sandra en un acto de relevo. La vela es uno de los símbolos más importantes dentro de la compleja simbología creada por Abela durante los años de existencia de su carismático y escurridizo personaje. De gran complejidad semántica, la posición de la vela respondía a la situación política del momento con respecto a Machado, mientras la vela encendida (tal cual aparece en “La anunciación”), significaba como bien dentro de la cultura popular cubana, pedirle al santo, ruego que en los años de la dictadura machadista equivalía al sentir popular de hacer salir al tirano del poder usurpado.

Paulatinamente la obra de Sandra donde dominaban personajes directamente ligados a la historia de Cuba como Martí, Washington, Liborio, El Bobo, turistas muchas veces procedentes de grabados europeos, o personajes creados por la propia artista como “la jinetera” y “el Abelardito”  se va abriendo a mitos y leyendas de la antigüedad en su deseo por desentrañar la harto compleja realidad cubana.

Una vista de la exposición con el video Escape, 2009, por Sandra Ramos, en primer plano a la izquierda.

Cortesía de Pan American Art Projects.

Su video, “Escape”, 2009,  comprende un ejemplo del primer grupo. En él, compungidos ante el inminente hundimiento de la isla, “El bobo”, “Liborio”, La jinetera, el Abelardito y Sandra tratan de sobrevivir a toda costa sin remedio, mientras “Las parcas” y “On the Banks of the River Lethe”,  ambas de 2012 e incluidas en la presente muestra, responden a ese segundo grupo.

“Naufragio”, 2017, de José Ángel Toirac, funciona a un tiempo como caprichoso puente y caprichoso nudo gordiano que aúna todas las creaciones incluidas en la muestra al tiempo que vuelve a poner sobre la mesa la problemática de la libertad de expresión en las publicaciones periódicas cubanas. 

El dibujo originalmente concebido como contraportada para el número de La Gaceta de Cuba dedicado a La Caridad del Cobre y que fuera censurado es restituido a mano en cada una de revistas compradas por el artista (50 en total). El título original del dibujo es “Lo que nos une” al que Toirac ha adicionado “ y lo que nos separa” en alusión a la condición de diáspora de la sociedad cubana de hoy.

José Toirac, Naufragio, 2017.

Cortesía de Pan American Art Projects.

En él, a la usanza de los tres monos sabios, coexisten tres personajes vitales correspondientes a tres épocas de la historia cubana: “Liborio” (Colonia), “El Bobo” (República) y “El hombrecito” de Lázaro (período posterior al 1959). El primero no ve, el segundo no habla y el tercero no oye. Los tres, amparados por las mismas circunstancias a pesar de los cambios de época, rezan a la virgen  (resumida en el color amarillo del papel, el texto azul y el esquema compositivo del dibujo). 

Hacerse El Bobo se puede ver a la Galería de Pan American Art Projects (PAAP) en Miami hasta el 15 de julio.

Lea el artículo por Janet Batet sobre "Asuntos de risa: Una corta historia de la sátira política en Cuba" aquí.

Janet Batet (La Habana, Cuba) es curadora independiente, crítica de arte y ensayista. Actualmente vive en Miami. Ex investigadora y curadora del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y ex profesora del Instituto Superior de Arte, ambos en La Habana. Sus artículos sobre las prácticas artísticas se publican regularmente en Art Nexus, Pulse Art, Arte al Día, Art Experience: NYC, y El Nuevo Herald, entre otros.