Wednesday December 13, 2017

Mirar a cámara: 5 fotógrafos cubanos emergentes

Visionarios e inconformes, estos artistas dejan huella en la escena del arte insular.

Arien Chang, De la serie El Bleco (2009–14).

Cortesía de Arien Chang.

Nuevas actitudes, mensajes sutiles y sarcásticos, perspectivas tentadoras y escenografías penetrantes inundan las producciones de los más jóvenes fotógrafos en el panorama cubano contemporáneo. Entre ellas sobresalen nombres cuyas propuestas formulan un re-conocimiento del sujeto cual eje central en y para la sociedad actual.

Arien Chang (La Habana, 1979) constituye uno de los exponentes más destacados en el ámbito fotográfico cubano. Desde sus inicios se dedica a la pintura para luego encontrar en la fotografía la expresión idónea y la vía para la documentación de diversos escenarios conflictivos de Cuba. Opta por la técnica fotográfica a partir de una motivación personal y emprende su formación de manera autodidacta, a la vez que toma estudios en el Curso de Fotografía del Teatro América impartido por el profesor Tito Meriño, del cual se gradúa en el 2002.

Le interesa un tipo de fotografía documental que ofrece explícitamente circunstancias que aquejan al sujeto contemporáneo. Su producción se sustenta sobre una voluntad reveladora de un sector underground que muta constantemente en función de las necesidades de sobrevivencia. Él explora y proyecta zonas generalmente rechazadas dentro de la sociedad cubana. Y lo hace de manera evidente, sin aderezos ni oblicuidades.

Arien Chang, De la serie Long e Vida.

Cortesía de Arien Chang.

Muchas de sus fotografías constituyen verdaderos desafíos que pretenden activar una toma de conciencia al respecto, además de funcionar como registros socio-arqueológicos de un entorno verídico dentro de la sociedad cubana. La fotografía no solo constituye para Chang una técnica de documentación eficaz, sino también es la manera que encuentra a través de ella para dar constancia de sectores, procedimientos y conductas marginadas a nivel social, mental y verbal dentro de la plataforma actual en la que vivimos. 

Alfredo Sarabia (hijo), Vive afuera pero este es su paraíso, 2013.

Cortesía de Alfredo Sarabia, Jr.

Alfredo Sarabia (hijo) (La Habana, 1986) lleva el mismo nombre de su padre, uno de los fotógrafos cubanos más notables de los años ochenta. Siguiendo los pasos de su antecesor e imprimiéndole un sello propio a sus trabajos, Sarabia destaca como uno de los jóvenes fotógrafos más sólidos desde ya entrados los años 2000. Además de provenir de una familia de artistas y haber estado inmerso en el mundo de la fotografía desde muy joven, Sarabia posee una formación ilustrada que se consolida entre la Academia de Bellas Artes San Alejandro, de la cual egresa en el 2006 y el Instituto Superior de Arte (ISA), graduado en el 2012.

Opta por el ensayo fotográfico como recurso expresivo y se inclina por un tipo de imagen en la que confluyen la metáfora y el documento, lo construido y lo real. Su trabajo parte de un referente que toma como pretexto para sugerir una realidad vivencial sujeta a disímiles interpretaciones. Una realidad susceptible a la subversión y la transformación desde la psiquis del receptor.

Alfredo Sarabia (hijo). Lo se pero no puedo decirlo, puedo decirlo pero no se como, 2006.

Cortesía de Alfredo Sarabia, Jr.

Alfredo Sarabia no endulza las tomas ni se impone a través del encuadre seleccionado. Él expone su criterio a partir del vínculo de una serie de objetos que toma como núcleos para construir una realidad determinada. Fragmentos de la vida diaria, de estados de ánimo y procesos mentales se aglutinan en toda la producción de este fotógrafo, quien sensibiliza a través del lente los temas que trabaja. Su trayectoria se identifica por un tono poético y alegórico, sin desligarse de los motivos significativos de la escena realmente fotografiada. Es por ello que aun cuando la influencia paterna está implícita en la carrera artística de Sarabia, este ha sabido labrarse un camino propio con excelentes resultados desde una postura de documentalista crítico y social.

Jorge Otero, Lomo, 2013, de la serie War Hero.

Cortesía de Jorge Otero.

Jorge Otero (La Habana, 1982) egresa de la Academia de Bellas Artes San Alejandro y del Instituto Superior de Arte (ISA), en los años 2001 y 2008 respectivamente, y se inclina por trabajar el cuerpo desde la técnica fotográfica. Se interesa por lo corporal y sus disímiles representaciones como estrategia para cuestionar y polemizar sobre determinados axiomas impuestos que inciden en el desarrollo del sujeto dentro de la sociedad.

Jorge Otero, Sin título, 2015, de la serie War Hero.

Cortesía de Jorge Otero.

Para Otero el cuerpo se convierte en concepto y materia al unísono. Le funciona cual objeto maleable que manipula y proyecta a su antojo en función del mensaje a transmitir. Es por ello que opta por temas de fuerte incidencia social y sexual sin agredir, juzgar o imponer su criterio.  Construye minuciosamente cuerpos como espejos de autorreconocimiento para unos y de provocación para todos.

Rodney Batista, Mito del ama de casa, 2011.

Cortesía de Rodney Batista.

Rodney Batista (La Habana, 1988) egresado en el año 2007 de la Academia de Bellas Artes San Alejandro y cursando actualmente sus estudios en el Instituto Superior de Arte (ISA), Rodney Batista se ha inclinado por la fotografía como discurso técnico-expresivo. Se interesa por la representación de sujetos que han transitado hacia un estado otro de existencia: la muerte. Indaga en las posibilidades que ofrece el cuerpo-cadáver una vez trabajado y manipulado desde los predios del arte. Les ofrece a los cadáveres una nueva posibilidad de existencia a través de la imagen perpetuada por la cámara.

Rodney Batista, Bonsái, 2012.

Cortesía de Rodney Batista.

Para Rodney la imagen es testimonio de una mutación congénita del ser humano. Es el intento por prescribir todo un proceso inherente del hombre que, a fin de cuentas, se convierte en un reciclaje inconsciente de memorias personales y colectivas. El fotógrafo gusta de situarse en un nivel catárquico mediante estos cuerpos desnudos, descompuestos, fragmentados, convidando a una confabulación grupal de codificación de sentidos y a una receptividad comedida. Es perceptible en su obra una voluntad de diálogo con los límites, los deseos, el morbo, dando como resultado piezas móviles en un subterfugio ontológico del discurso. La labor fotográfica de Rodney Batista nos incita a reflexionar sobre la condición de ser vivo que posee el hombre mediante la proyección sugerente de la muerte.

Yanahara Mauri (La Habana, 1984) constituye una de las jóvenes artistas cubanas con una producción loable en el campo de la fotografía. Se gradúa en el año 2008 de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, en la carrera de Historia del Arte, e incursiona en la fotografía como medio de expresión. Se interesa por cuestiones de género y su comportamiento a nivel social, además de vincular en sus trabajos posturas homo y heterosexuales asumidas por los sujetos. Si bien no desarrolla un tipo de obra autorreferencial, sí se vale del cuerpo como principal emisor de sus inquietudes personales a la vez que colectivas.

Yanahara Mauri, Memorias de una maja, 2011, de la serie Los espamos de venus.

Cortesía de Yanahara Mauri.

Yanahara Mauri opta por un tipo de fotografía fuertemente expresiva, cuyos elementos conformadores de la escenografía impactan visualmente en el espectador. Manipula el cuerpo a conciencia sin pretensiones de suavizar o endulzar la trivialidad del tema abordado, y toca zonas sensibles y problemáticas picantes que conforman el devenir de una parte de la comunidad cubana. Ofrece puntos de vistas diversos sobre cuestiones feministas, sexuales y eróticas sin pretender imponer su discurso; que, si bien lo hace de un modo crudo en términos visuales, también deja abierto el camino a otras posibles interpretaciones. En este sentido, es explícita en sus trabajos la voluntad por diluir los límites entre el morbo y lo establecido en la sociedad cubana actual. Ella asume una postura desafiante.

Yanahara Mauri, Una noche o una mañana cualquiera, 2014.

Cortesía de Yanahara Mauri.

Sin lugar a dudas, la fotografía constituye un recurso competente para muchos artistas en los tiempos que corren. El registro sociológico y cultural resulta un camino eficiente para lanzar inquietudes y proponer soluciones o vías de interpretación sobre temas picantes en el devenir del sujeto cubano contemporáneo. La ganancia de las producciones de los artistas antes referidos es la fuerte provocación que de ellas emana. Los enfoques sugerentes, el manejo de los encuadres y el dominio de la técnica ofrecen luces de una solidez manifiesta en las fotografías de estos cinco jóvenes artistas.  

Yenny Hernández Valdés (La Habana, 1992). Graduada de Historia del Arte por la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, trabaja como especialista en Promoción Cultural en el Centro para la Interpretacíon de las Relaciones Culturales Cuba-Europa, perteneciente a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana (OHCH).