Tuesday December 12, 2017

Charlando con: José Manuel Fors

El creador, unos de los artistas de Volumen I, exhibe por primera vez en Miami.

José Manuel Fors, A la Sombra de los Maestros #4, 2011.

Cortesia Pan-American Art Projects

José Manuel Fors fue uno de los artistas iniciadores del Renacimiento Cubano en 1981, con la muestra Volumen I. Ahora, por primera vez, exhibe en el espacio de Panamerican Art Projects, en Winwood, Miami, bajo el titulo Fragmentos. La curadoría ha sido de Alejandro Machado y de Irina Leyva Pérez, quien accedió a entrevistarlo para Cuban Art News.

Esta es tu primera exposición personal en la ciudad de Miami. Tres años te separan de tu última muestra. ¿Estos periodos de tiempo entre una y otra exposición se deben a la naturaleza de tu trabajo, o son puramente circunstanciales?

No exactamente. Hay momentos como el 2006 que tuve dos exposiciones personales. De ahí no hice nada más hasta el 2008, y ahora en el 2011. No me he apresuro en hacer exposiciones personales, espero a tener una idea elaborada y un cuerpo de trabajo que la acompañe. Por ejemplo, este año estoy preparando ésta y realizaré otra en La Habana, para la apertura de la Bienal el próximo año. Es más bien una causa circunstancial, a veces depende también de causas fuera de mi control como la disponibilidad de un lugar en el que me interese exponer. Tal es el caso de Pan American Art Projects.

Exhibes ahora varias series que has estado trabajando durante un tiempo. Por ejemplo, tienes los atados, las sombrillas, hasta una instalación, que para mí es un reminiscente de tus instalaciones con hojas.

Me tomé la libertad de traer obras que se desprendían de cierta manera de obras anteriores. Era mi primera exposición en Miami y quería darlas a conocer. También, son obras basadas en ideas que no he desarrollado totalmente, por ejemplo los paraguas, de los que he hecho una pieza una vez solamente. Pensé que era una buena oportunidad para hacerlo, y experimentar nuevas soluciones.

En los paraguas, uso obras que son para mí claves en la historia del arte. Siempre vuelvo a la pintura clásica, a sus obras fundamentales y a los grandes maestros que marcaron pauta universalmente. Me inspiro en ellas pero hago obra contemporánea. Quería utilizar estas imágenes en una obra mía, no como homenaje pero sí como una suerte de apropiación. En esta serie de obras nuevas no utilizo color, como en el que ya había hecho, me circunscribo al blanco y negro. Fíjate que toda la muestra tiende hacia el blanco y negro. Es totalmente intencional, cuando más uso el color es el sepia. De hecho, estoy en un momento en el que todas las obras que hago son en blanco y negro.

Los atados, otra de las serie en esta exhibición, son fotos y documentos que pertenecieron a mi familia. La idea viene de una costumbre que existía en Cuba: poner las fotografías y cartas en unos bultos que se ataban con cintas o cordeles, y se ponían dentro de una cajita para guardarlas. Esa imagen me parecía muy interesante, como con tanto cuidado se organizaban estas memorias para preservarlas. Por eso les llamo atados de memorias.

La otra serie, la de los cubos, deriva de aquella instalación original que ahora se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes. Ahora le incorporé objetos. Es como un híbrido que toma también de los atados, porque además le añado bultos de papel. Un cambio fundamental con respecto a aquella instalación primera es que en aquella las hojas eran naturales; en ésta las hojas están cubiertas de grafito. Parecen como si fueran metálicas. Como nunca he dibujado mucho, esta es una idea que está en proceso, el llevar a la cartulina lo que hago tridimensional. Entonces por ahora llevo el grafito hacia el objeto, quizás después haga el proceso inverso y me decida a llevarlo al papel, en forma bidimensional.

En esta selección de obras influyó el tamaño de la galería, que es considerable. También era mi primera exposición en Miami y quise crear cierto sentido de historicidad sobre mi obra. Así el espectador puede hacer un recorrido visual que abarca etapas anteriores. La exposición logra muy bien ese puente entre la última muestra y lo que vendrá después, al establecer una base para continuar trabajando en algunas series y tal vez terminar otras. Como el principio de un ciclo y el final de otro.

Históricamente has trabajado mucho con elementos de la memoria, como las fotografías y postales familiares. ¿También incluyes objetos, estos tienen alguna conexión especial contigo o son objetos que has coleccionado?

Si, trabajo mucho con el recurso de la memoria. No soy el fotógrafo que sale con la cámara a buscar imágenes, estoy muy encerrado en mi mundo. Más bien trabajo con fotos familiares, cartas, documentos y objetos. Estos objetos están dentro de mi casa, forman parte de mi medio, de mi entorno cotidiano y más cercano. Ya sabes que en nuestro país los objetos se conservan durante muchos años, no se tira nada a la basura y las casas están llenas de cosas que se guardan durante décadas. Para mí algunos pueden tener cierto valor sentimental, pero en general busco objetos que tengan un atractivo visual, estético. Digamos algún diseño que me resulta sugestivo o diferente.

Es un proceso que comienza generalmente cuando fotografío el objeto y que después culmina cuando incluyo el objeto como tal en una obra. Es como un ritual, cuando incluyo el objeto en la obra técnicamente es como despedirme, ya que puede pasar a otras manos si se vende la pieza, y no verlo más.

Tu formación académica fue como pintor. Las primeras instalaciones que hiciste fueron las de hojas. ¿Cuándo y por qué empiezas a utilizar la fotografía como uno de los medios importantes en tu obra?

La fotografía la comencé por dos motivos. Esas instalaciones con cubos de hojarascas se acercaban a ese tipo de obra de carácter efímero. Colocaba los cubos con las hojas en el mismo lugar de donde las había extraído y creaba como pequeños espacios. Después devolvía las hojas al mismo sitio de donde las había tomado. La fotografía me servía como un medio documental que registraba este acto efímero de forma permanente. La imagen me gustó y comencé a hacer fotografía artística.

Además, en mi casa había un laboratorio fotográfico, que era de mi padre, y tenía esa experiencia. Y tuve cerca a Gory y su influencia tocó mi forma de acercarme a la fotografía.

Algo peculiar: a veces descanso de la fotografía, períodos en los que me concentro más en el uso de otros materiales. Por ejemplo, en los últimos años me he alejado un poco y he regresado más a las instalaciones.

En los inicios de tu carrera hiciste algunas exposiciones en tu casa. Cuéntame de la logística de estas muestras, como las organizabas y a que artistas incluías.

Fue una sola la exposición que aconteció en mi casa: Pintura Fresca, en 1979. La exposición inicialmente se titulaba Seis Pintores Jóvenes, se iba a presentar en La Habana, en la Galería L. Sin embargo el día de la inauguración no la dejaron abrir. No había ningún conflicto político, sino que el lenguaje artístico no era el acostumbrado. Nos salíamos de los lenguajes tradicionales de Cuba, no nos ajustábamos a lo que estaban acostumbrados visualmente. En vez de nuestra propuesta, colocaron una de carteles. Entonces decidimos hacerla en mi casa. Quitamos los muebles, pintamos paredes, pusimos luces y así improvisamos una galería en la que presentamos la exposición. Era un grupo inicial de seis artistas, entre ellos Bedia, Flavio, etc. Después se incorporaron otros creadores como Tomas Sánchez y Carlos Alfonzo.

¿Ésto fue como la semilla de Volumen I, del cual se cumplen cuatro décadas?

Era la semilla de Volumen I. En este momento nos unía más la amistad que las intenciones artísticas. Recientemente habíamos salido de la Academia San Alejandro, y conservábamos la amistad que se forma en la etapa estudiantil. Esa exposición se presentó en Cienfuegos, con el mismo título. Después el mismo grupo hizo Sano y Sabroso, en la Galeria 23 y 12. Y ya después se hizo Volumen I. Esa fue la génesis del grupo.

Volumen I es un grupo que se había unido primero por la amistad, porque algunos habíamos estudiado juntos en San Alejandro, y otros en la ENA (Escuela Nacional de Arte). Al final se mezclaron porque algunos de ambos grupos se conocían. Pero pienso que las exposiciones se organizaron porque éramos amigos. En ese momento no existían tantas galerías en Cuba como ahora, éramos muy jóvenes y no teníamos mucho acceso a las consagradas. Finalmente nos dieron la galería en la que se hizo Volumen I, el Centro de Arte Internacional, pero de hecho ya nos habían quitado una previamente.

Háblame un poco del legendario Volumen I, aunque ya vimos como de cierta forma devino de la exposición Pintura Fresca. Dime que pasa después que se forma Volumen I, la primera exposición y cómo y por qué se desintegró.

El espacio que nos dan para hacer Volumen I ya era un buen espacio, bastante grande, propiedad del Ministerio de Cultura: nos reunimos casi el mismo grupo. Cada uno llevó lo que hacía en ese momento. A mi juicio esta exposición fue sobrevalorada, no todos los artistas estaban preparados en términos de la calidad de la obra para una exposición tan importante. Mirándolo retrospectivamente, algunas de las obras que se presentaron allí no las exhibiríamos ahora.

Ustedes no imaginaron que esta exposición se convertiría en un hito en la historia del arte cubano.

La hicieron trascender, de algún modo se politizó, se dijo que estábamos trayendo tendencias extranjeras, que era diversionismo ideológico, etc. Lo que estábamos haciendo era mostrar, cubanizar lo que ya se había hecho hace tiempo en otros lugares, tendencias como el Pop Art y el Land Art, al medio cubano. Ya habían pasado muchos años para hacer Pop otra vez, o las instalaciones. Pero para el contexto cubano era novedoso, y lo consideraban ‘extranjerizante”.

De tanto ruido que se armó, finalmente Armando Hart, que era entonces el Ministro de Cultura, visitó la exposición y dijo que eso era precisamente el arte del que él hablaba. Se reunió con nosotros y eso resolvió la situación oficial con respecto a la posición del gobierno con los artistas jóvenes, al menos por un tiempo.