Thursday December 14, 2017

En la galería con Enrique Martínez Celaya

Reflexiones sobre la identidad cubana, los desafíos de la pintura y la lectura de Gabriel García Márquez.

Enrique Martínez Celaya, The Folktale, 2017.

Cortesía de Jack Shainman Gallery.

A principios de este mes, Enrique Martínez Celaya: The Gypsy Camp abrió en la Galería Jack Shainman en Chelsea. En una amplia conversación en la galería (editada por su longitud), el artista habló sobre los desafíos de la pintura, por qué su trabajo no es realmente figurativo, y un posible proyecto en La Habana.

¿Estas son nuevas pinturas? ¿ Y las hiciste teniendo en mente este espacio en particular?

Siempre hago un nuevo volumen de obras para cada exposición. Creo un modelo [del espacio] desde el principio, y empiezo a trabajar con ese espacio en particular. Por supuesto, los cambios se hacen en el último minuto.

De la izquierda: The Nesting, 2016; The Brave, 2016; y The Last Harvest, 2017, por Enrique Martínez Celaya.

Foto: Cuban Art News.

Estas tres obras están juntas por tener la imagen de los chicos. Pero también hay que tener en cuenta la escena y lo que es, lo que son los parches. Incluso ese movimiento del texto alrededor problematiza la lectura de las pinturas como escenas. Pero ubicándolas  una detrás de la otra, usted tiene la oportunidad de ver algo que existe más allá de cada obra individual.

Una especie de narrativa, pero muy elíptica.

Eso es. Debido a que son imágenes reconocibles del paisaje y la figura, la tendencia es que la gente quiera pensar en ella como narrativa y figurativa. Yo nunca hago eso.

¿No las considera figurativas?

No, no. Pueden incluir figuras pero estas no las definen. Pienso en el trabajo como una investigación. Las preocupaciones filosóficas y emocionales que busco tienen esta referencia a las imágenes, a estas figuras o a las escaleras. Pero en el próximo grupo de obras, podría ser el lenguaje, o algo más.

Esta [The Folktale, en la foto de arriba] tiene escaleras que se pintan de una manera particular, como el mármol falso. Y los pájaros. Pero eso en sí mismo no es el [objetivo final] de la obra.

Pienso en esto como una exploración que se interesa en lo que es una pintura. Conceptualmente, cómo una pintura es sostenida y capturada. Como también la forma en que los bordes de la pintura son incompletos. Cómo algo como esto se introduce en una escena y problematiza el sentido de la misma  como una vista en un mundo determinado.

Detalle de The Folktale, 2017, por Enrique Martínez Celaya.

Foto: Cuban Art News.

Y cómo todas estas otras piezas con información nos recuerdan constantemente la socavación de la pintura como construcción, ya se trate de los goteos o las marcas. He intentado acercarme a la autenticidad desde este punto de vista.

Enrique Martínez Celaya, The Little Paradise, 2016.

Cortesía de Jack Shainman Gallery.

Por ejemplo, una pintura como esta comienza con una imagen de mi madre siendo una  joven de 16 años de edad. Y tiene este carrusel. Cuando la gente habla de la obra, hablarán de esas dos cosas.

Tardé dos años y medio en hacer esta pintura. Porque lo que estoy tratando de hacer es crear estas tensiones y balances que permiten que este cuadro exista como pintura.

Toma la composición. Aunque mis pinturas cambian todo el tiempo, ésta no cambió mucho. Quería esto aquí (gestos en la parte inferior derecha del lienzo) para dar un sentido de luz, pero también de pintura. El hecho de que se trata de un túnel que va al espacio, pero también quiero aplastarlo, para no perder el plano de la imagen.

Detalle de The Little Paradise, 2016, por Enrique Martínez Celaya.

Cortesía de Jack Shainman Gallery.

Así que equilibrar esas fuerzas, y pintar y repintar esa cara para llegar a un acuerdo con todo lo que está sucediendo emocionalmente en esa pintura llevará años. Y, en última instancia, eso es lo que creo que define una pintura.

Pero la tendencia, cuando alguien viene a ella, y la lee como una pintura figurativa, es imaginar la historia entre la muchacha y el carrusel.

Pero todo lo demás que está ocurriendo -el grosero trato de aquella (el área de la pared cercana al hombro de la figura), y la falta de satisfacción de esa representación allí, o la pintura de su cabeza y la corrección,-esas fallas- todo eso es la energía y la actividad de la pintura. Esas cosas son realmente lo que considero los retos de lo que se convertirá en una pintura, y que hacen todo el proceso emocionante para mí.

Enrique Martínez Celaya, The Lantern, 2017.

Cortesía de Jack Shainman Gallery.

Una pintura como ésta, por ejemplo, tenía imágenes completamente diferentes cuando empecé – eso era lo que necesitaba, para conseguir una cierta dirección para lo que quería hacer. Al final, este es el resultado después de un año y medio de trabajo, pintándola y repintándola.

Así que la figura incluye un gran... jarrón?

En realidad, está sosteniendo una joya groseramente pintada, una joya como la recordaría un niño. Hay algo sobre la pintura que se mueve y trata de articular el sentido de los objetos. Estoy interesado en esa ilusión fallida.

Enrique Martínez Celaya con The Lantern, 2017.

Foto: Cuban Art News.

En otras maneras, las pinturas crean una cierta relación que luego desaparece. Eso está en el corazón de lo que estoy tratando de hacer.

Creo que es en parte porque fui entrenado como científico y como artista. Cuando vas a hacer un experimento científico, no sabes la respuesta de antemano.

¿Qué tiene que ver tu herencia cubana o tu identidad cubana con tu arte?

Es una cuestión importante que no se le ha dado suficiente espacio en los escritos críticos que se han hecho sobre mi obra. Porque cualquiera de las personas asume que es obvio, porque soy cubano, o dicen que son pinturas de aspecto nórdico y se olvidan por completo de eso.

Estuve en Cuba hasta los siete años. Y el sentido que permeó mi vida después de salir de Cuba fue el sentido de un mundo que sólo existía en la memoria, a partir de ese momento. Que existían sólo como referencias, y el arrepentimiento y el anhelo que vino con todos esos recuerdos.

Creo que eso tuvo una profunda influencia en mí. Pero encontré más resonancia en la filosofía continental, los escritores nórdicos, la tradición trascendental americana. Estaba encontrando más resonancia con mi propia interioridad y el modo en que yo era.

De la izquierda: Enrique Martínez Celaya, The Unloved, 2016, y The Wellspring, 2016.

Foto: Cuban Art News.

Incluso en mi adolescencia, mis pinturas no parecían muy latinas. Pero creo (que se refleja ) la preocupación por la calidad de la existencia nómada, como un campamento gitano -el título de esta muestra - y esta sensación de desplazamiento que existe en la obra. Cómo lidiar con el arrepentimiento, y así sucesivamente.

Creo que se refleja mucho la herencia cubana en eso. Pero las tradiciones artísticas con las que estoy conectado son más nórdicas y más estadounidenses-europeas. Eso proporciona un sentido complicado de qué tipo de cubano soy como artista. Pero, sin duda, está ahí. Cuando pienso en mi madre como tema, por ejemplo, es difícil no pensar en Cuba, esta chica de 16 años que se lanzó a este túnel incierto. Y creo que esa es una típica historia cubana.

Hay muchos tipos diferentes de cubanos. Mi abuelo era del sur de España, por lo que era uno de esos cubanos muy severos, silenciosos, muy diferentes del flamante cubano que se ve estereotípicamente como Ricky Ricardo [de la serie de televisión de 1950, I Love Lucy] o algo así.

Parte de la severidad y la austeridad de algunas de mis pinturas, que la gente atribuye a la tradición nórdica-tiene una parte española de la tradición, Velázquez y gente así, que son algunos de los pintores más severos de la tradición europea. La compresión católica de la emoción.

Enrique Martínez Celaya, The Other Shore, 2017.

Foto: Cuban Art News.

Esas cosas están en mi obra, pero la gente no entiende las conexiones.

Hasta hace muy poco, de los 40 museos que acogen mi obra en los Estados Unidos, sólo una fue adquirida por un curador latinoamericano. Siempre eran curadores europeos o americanos. Aunque, como decíamos, muchas de estas cosas están conectadas [en mi obra].

¿En qué manera?

Cuando la gente me pregunta acerca de la conexión entre el arte latinoamericano y el mío, tengo muy poco que decir sobre las artes visuales, pero tengo una conexión tremenda con la tradición literaria.

En mi adolescencia, aunque pintaba todo el tiempo, también leía mucho. El boom latinoamericano,  Cortázar, Vargas Llosa y poetas como César Vallejo y Nicolás Guillén- así fue como se plasmó mi sensibilidad artística. Fue realmente a través de escritores. Todavía es y me relaciono más con los escritores.

García Márquez… leí sus libros antes de que fueran populares. Especialmente El coronel no tiene que le escriba, libros como ese fueron fundamentales en mi relación con muchas cosas. No tanto la parte visual de la misma. Pero lo que aborda en todos esos libros se aborda en mi obra.

Enrique Martínez Celaya, The Hunter, 2016.

Cortesia de Jack Shainman Gallery.

¿Has regresado a Cuba?

Sólo cuando tenía 15 años, en una breve visita a mi abuelo. Pero me gustaría ir. De hecho, ayer, hubo alguien aquí que estaba tratando de conseguirme un proyecto en La Habana.

Estoy pensando en hacerlo. Estoy emocionado por ello. Será una cosa interesante volver a Cuba de esa forma.

Enrique Martínez Celaya: El Campamento Gitano estará abierto hasta el 22 de abril en la Galería Jack Shainman en Chelsea.

En sábado, el 1 de abril, se presentará una conversación entre el artista y Klaus Ottmann, director adjunto del Phillips Collection, Washington DC., en 5:30 p.m. RSVP a la Galería Jack Shainman.