Wednesday December 13, 2017

En conmemoración: Roberto Gottardi

El arquitecto, diseñador de las aclamadas Escuelas Nacionales de Arte, ha fallecido en La Habana

Roberto Gottardi en el mirador de la Escuela de Danza Moderna, diseñado por Ricardo Porro, en 2007.

Foto: Alysa Nahmias.

Roberto Gottardi, beneficiario del Premio Nacional de Arquitectura 2016, murió el 20 de agosto en La Habana. Gottardi fue uno de los diseñadores de las Escuelas Nacionales de Arte de Cuba (ahora ISA), junto con Ricardo Porro y Vittorio Garatti.

Tenía 90 años.

Comenzamos con un obituario de John A. Loomis, autor de Revolution of Forms, Cuba’s Forgotten Art Schools (Princeton Architectural Press, 2011), y Una Revolución de Formas, Las Escuelas Olvidadas de Cuba (dpr-barcelona, 2015).

Roberto Gottardi, arquitecto italo-cubano, falleció de fallo pulmonar el domingo por la noche, 20 de agosto, en La Habana. Era uno de los tres creadores del más destacado y controvertido logro arquitectónico de la Revolución en Cuba, las Escuelas Nacionales de Arte (1961–65).  

Roberto Gottardi en el campo de su Esecuela de Artes Escénicas, 2009.

Foto: Benjamin Murray.

Roberto Gottardi nació en1927 en Venecia, Italia, hijo de Francesco e Ida Folin Gottardi.

Se graduó en arquitectura en 1952 en el Instituto Superiore di Architettura di Venezia en donde Carlo Scarpa fue su mentor y la más importante influencia en su diseño. Tras sus estudios trabajó para el importante arquitecto milanés de post-guerra, Ernesto Rogers. Allí conoció a un arquitecto venezolano que le invitó a Caracas, donde en 1957 trabajó en el studio arquitectónico, el Banco Obrero, del renombrado Carlos Raúl Villanueva.

Mientras estaba con Villanueva, Gottardi (con otro joven arquitecto italiano, Vittorio Garatti) estableció una amistad decisiva con el exiliado arquitecto cubano y revolucionario, Ricardo Porro. Tras la victoria de la Revolución cubana, Porro invitó a Gottardi y Garatti a acompañarle en su regreso a Cuba para construír lo que fue visto de forma optimista como una una utopía socialista. Llegaron en diciembre de 1960.

Gottardi, a la izquierda, con un amigo en una foto archiva sin fecha.

Cortesía de Espacios inacabados, del archivo de Roberto Gottardi.

La familia Gottardi en Venecia era de la vieja nobleza, con más de un duque en su linaje. Sin embargo, el joven Gottardi fue encandilado con la Revolución cubana y con el proyecto de construír un estado socialista que señalara el camino hacia el futuro. Él fue repudiado por su familia veneciana, pero nunca miró hacia atrás.

Roberto Gottardi es recordado sobre todo por su papel en las Escuelas Nacionales de Arte, situadas en una zona que una vez fue el más exclusivo club de campo de La Habana. Él fue el diseñador de la Escuela de Artes Escénicas, un seductivamente introspectivo complejo con serpeteantes caminos de transeúntes unificando la comunidad de aulas y estudios de manera que imitaba la experiencia de íntima apariencia introspectiva de una compañía de teatro.

Pasear a través del complejo, con su estrecho y tortuoso vicoli (paseos) que de repente se abren hacia una acogedora placita, es una deliciosa, desorientadora experiencia reminiscente de Venecia. La construcción fue interrumpida ya que el dinámico, libertario diseño dejó de ser apoyado en 1965.

Un pasaje en la Escuela de Artes Dramáticos, diseñado por Gottardi.

Foto: Benjamin Murray, cortesía de Espacios Inacabados​, © 2011.

Otros logros de Gottardi en Cuba son las sedes de la Administración Nacional de Agricultura (1967–72), las escenografías para la compañía de la Danza Contemporánea de Cuba (1991), y el restaurante Prado y Neptuno (1999). Recibió un encargo para crear un nuevo diseño para completar su inacabada Escuela de Artes Escénicas, pero continúa sin terminarse.

Su mayor logro, aparte de la escuela escénica inacabada, es una generación de estudiantes de arquitectura que ven en él su influencia formativa más inspiradora. Él tuvo una amplia curiosidad intelectual y fue un apasionado del teatro, la danza y la música, especialmente de Pink Floyd.

Gottardi, al centro, con sus colegas en las Escuelas Nacionales de Arte, Ricardo Porro (a la izquierda) y Vittorio Garatti, en una exposición de su obra en Reggio Emilia, Italia, en 2010.

Foto: Alysa Nahmias.

Junto con Vittorio Garatti y Ricardo Porro, en 2012 Roberto Gottardi fue galardonado con el Premio Vittorio De Sica de Arquitectura por el Presidente de Italia, Giorgio Napolitano. En 2016 fue galardonado con el Premio Nacional de Arquitectura de Cuba. Y en noviembre de 2016, el gobierno italiano le concedió la prestigiosa pensión Bacchelli para italianos en el extranjero que han realizado importantes contribuciones a la cultura internacional. Por desgracia, Gottardi sólo pudo disfrutarla durante menos de un año.

En cualquier caso, el gobierno italiano ha prometido financiar la restauración de su Escuela de Artes Escénicas.

Roberto Gottardi deja a su mujer Luz María Collazo, su hija Sandra, y su hijo Carlo.

Y una cálida conmemoración personal de Alysa Nahmias, co-directora y co-productora de Unfinished Spaces (Espacios Inacabados), la premiada película documental sobre las Escuelas Nacionales de Arte.

Me desperté esta mañana con la dolorosa noticia de que mi amigo, mi profesor, y el protagonista de mi película Espacios Inacabados, el arquitecto extraordinario Roberto Gottardi, se despidió de este mundo la pasada noche.

Mi corazón se rompió inmediatamente por su querida mujer Luz María, su hija Sandra, y el resto de su familia en Cuba e Italia. Todo el día he intercambiado mensajes con nuestros amigos comunes, compartiendo recuerdos del sentido del humor de Roberto, su inmenso talento, su devoción, y su presencia gentil. El vacío en nuestras vidas se siente ya profundamente, y al mismo tiempo celebramos lo que nos dio en unos 90 años de vida bien vivida.

Es apropiado que en la mañana después de que Roberto se marchara, tuve la rara fortuna de presenciar el eclipse solar en Los Ángeles, donde vivo. Esto fue significativo no sólo porque uno de los albumes preferidos de Roberto era “El lado oscuro de la luna” de Pink Floyd, sino también porque la escala celestial del eclipse me hizo sentir más cerca de la lejana Cuba.

Permanecí de pie en asombro por la frágil magnificencia de este mundo, dándome cuenta de la rareza de la luna cruzando por el camino del sol como el de yo estar en La Habana siendo una veinteañera norteamericana que se encuentra con no otro sino Roberto, y que nuestra convergencia resultara en hacer una película juntos.

Roberto Gottardi en su casa en La Habana. Un cuadro del documental Espacios inacabados, dirigido por Alysa Nahmias y Benjamin Murray (2011).

Cortesía de Espacios Inacabados​, © 2011.

Cuando me encontré con Roberto por vez primera en 2001, él era un hombre de ochenta-y-tantos con bigote que se parecía a don Quijote. Le habían dicho que yo quería estudiar arquitectura en Cuba, así que se sentó conmigo en una mesa del patio de la Fundación Ludwig en El Vedado, mostrándome una carpeta llena de fotografías desgastadas y documentos relacionados con su obra maestra de la arquitectura moderna, la Escuela de Artes Escénicas de Cubanacán.

Le dije que quería ver la estructura en vivo y en directo. Me condujo al campus de las escuelas de arte en su pequeño coche rojo y me dió una gira. Pasamos unas pocas horas allí, durante las que cada estereotipo que había traído conmigo a la isla fue cuestionado. Cuando nos marchábamos, le dije que pensaba que alguien debería realizar una película sobre los edificios y las historias de los arquitectos.

Un área en la Escuela de Artes Escénicas por Gottardi.

Cortesía de aplust.net.

Hablé sobre cómo sería imposible capturar el paseo arquitectónico del diseño de Roberto y de los de Ricardo Porro y Vittorio Garatti con texto o fotografía fija. Tenía que ser una película, en mi mente. Cuando le conté la idea a Roberto, me desafió con una provocadora seriedad de la que me encariñaría en años venideros: “¿Por qué no la haces tú?”. Él sabía que yo nunca había hecho una película.

Como veinteañero, Roberto había viajado desde su nativa Italia a Venezuela y después a Cuba para participar en la explosión constructura en Latino América en los años de 1950. Era valiente y atrevido, atractivo y ambicioso. Ojalá le hubiera conocido entonces, cuando estudió con Carlo Scarpa, se infiltró en una foto de Frank Lloyd Wright en la calle en Venecia, y cuando trabajó con Raul Carlos Villanueva en Caracas.

Roberto Gottardi, al centro, con el renombrado arquitecto Frank Lloyd Wright, a la izquierda.

Cortesía de Espacios Inacabados, del archivo de Roberto Gottardi.

A mi regreso a los Estados Unidos tras el primer encuentro, me sentí poseída por las historias que Roberto me había contado sobre sus primeros meses y años en Cuba. Me uní a Ben Murray para embarcar en la realización de Espacios Inacabados. Ben y yo visitaríamos Cuba varias veces durante los siguientes años.

El rodaje de un documental es íntimo bajo cualquier circumstancia, pero en el pequeño apartamento de Gottadis en La Habana fue todavía más, y nuestra cercanía con Roberto y Luz María creció. Fueron siempre generosos y dispuestos a hablar con nosotros tanto sobre historia del arte como de películas de Hollywood. Nos presentaron a amigos y tras un tiempo nos ayudaron a construir la confianza que necesitabámos para entrevistar a artistas y arquitectos sobre algunos de los tiempos más dichosos y devastadores por los que tuvieron que pasar en la isla.

Gottardi y su esposa Luz María Collazo, con la hija de la directora Alysa Nahmias en el estreno de Espacios inacabados en el Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana, diciembre de 2011.

Foto: Alysa Nahmias.

La Escuela de Artes Escénicas de Roberto permanece inacabada. Irónicamente, el teatro en sí es el vacío principal, ya que nunca fue edificado después de que la construcción de las escuelas se parara en 1965. Esta ausencia fue una desgracia en una escuela de teatro, pero hizo que estudiantes y miembros de la facultad tuvieran que pensar más creativamente y descubrir nuevos espacios como teatros en el campus a lo largo de los años, dejando que sus actuaciones ocurrieran en las “calles” de los pasillos del edificio de Gottardi o en sus azoteas.  

A través de esta obra maestra incompleta, Roberto agudamente entendió la poesía obscura de que nuestro trabajo aquí es nunca completo, que los edificios y la gente y las ideologías tienden a deteriorarse en los ciclos de la naturaleza. Al mismo tiempo, mientras dibujaba y redibujaba sus planos para completar "mi escuela", como él la llamaba, él se agarró a la esperanza en el futuro, para la finalización. No se rendiría por su arquitectura o por la gente para la que la creó, en particular "el pueblo cubano".

Cuando Roberto vino a los Estados Unidos para el estreno mundial de Espacios Inacabados en el Festival de Cine de Los Ángeles en 2011 (diez años después de que él me desafiara a hacer la película con él en La Habana), creo que se sorprendió por la larga ovación en pie que él, Garatti, y Porro recibieron al final de la abarrotada proyección. Esto ocurrió no sólo en L.A., sino también en La Habana y Miami.

Roberto Gottardi y Alysa Nahmias en La Habana para el estreno de Espacios Inacabados en diciembre de 2011.

Foto: Benjamin Murray.

Mientras las audiencias silbaban y aplaudían cuando los arquitectos tomaron el escenario, Ben y yo nos mirábamos sabiendo lo que estaba pasando. Sonreímos porque sabíamos que la gente estaba aplaudiendo por los logros arquitectónicos pero incluso más por los arquitectos. Roberto fue un héroe de verdad de la gran pantalla; fue vulnerable, valiente, y visionario. Ha sido un tremendo regalo para Ben y para mí el haber cruzado caminos con él y el compartir su historia y su arquitectura con el mundo.