Tuesday December 12, 2017

Guillermo Ramírez Malberti: Conversaciones en primera persona

El artista reflexiona sobre su trabajo y los cambios con el tiempo.

Una instalacíon en Como te cuento mi cuento, 2014, por Guillermo Ramírez Malberti.

Cortesía de Guillermo Ramírez Malberti

Durante el mes de abril de este año, el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (CDAV) de La Habana, acogió la muestra Como te cuento mi cuento, del artista cubano Guillermo Ramírez Malberti. El creador -a modo de ‘remake’- volvía sobre una de sus piezas antológicas de los años noventa. Para hablar sobre esta última muestra, y apreciar su obra en retrospectiva, el artista conversó con Cuban Art News.

En sus trabajos se percibe una autoreferencialidad ligada especialmente a un sentir nostálgico, un mirar al pasado. ¿Qué importancia le concede a estos elementos dentro de su obra?

El tema de la nostalgia está ligado justamente a las vivencias y al pasado, y son elementos a los que me aferro. De ellos saco todo el material o gran parte del material que me inspira, sobre el cual vuelvo a cada rato. En esta exposición Como te cuento mi cuento, el tema de la nostalgia -el rebuscar en la historia personal- es quizás el acento más agudo. La pieza original fue realizada en barro en el año 1994, y fue exhibida y premiada en el Salón de Arte Contemporáneo de esa fecha. Me pareció interesante volver a retomar la idea 20 años después, e insertar a mi hijo. Se trata de jugar con los destinos que han cambiado, observar lo que permanece de aquella realidad de hace tanto atrás. También se trata de enfrentar dos realidades: poner a la generación actual delante de su pasado, jugando así con el futuro de dicha generación.

¿Cómo valora su inserción en el panorama artístico cubano de finales de los noventa, cuando realizastes tus primeras exhibiciones?

Terminé el Instituto Superior del Arte en 1988. En esa década el momento que se vivía era muy convulso, desde el punto de vista de la radicalidad social del arte. La intención de los artistas era penetrar e incidir con fuerza en el acontecer social del momento. Teníamos una noción idílica de cambiar el mundo, dinamitar las bases de la sociedad, crear un espacio utópico. De hecho yo estaba muy enfocado en el trabajo teatral, aunque de igual forma hacía mi obra.

Cuando concluyo la carrera, me trasladé a realizar mi servicio social en Cienfuegos, donde comencé a crear y a exponer. Al regreso a La Habana, hago una primera exposición que se llamó Mutilaciones, donde recojo momentos de un período de 5 ó 6 años y les doy un carácter de obras mutiladas en dicha serie. Posteriormente hice Como te cuento mi cuento, que es donde penetro realmente en el panorama artístico. Esta pieza fue distinguida con mención en el I Salón de Arte Contemporáneo y tuvo una repercusión importante, fue una obra que me dio a conocer en el ámbito de los 90. Realmente es increíble, todavía hoy en la Facultad se estudia y es una obra emblemática. Esa primera versión en barro fue adquirida por el Museo de Bellas Artes.

En sus obras es notable el interés por mostrar la vida cotidiana del cubano, con sus vicisitudes y conflictos. ¿Es una creación que está comprometida con la realidad?

Sí, totalmente. Sobre todo la serie Camino al paraíso, donde tomé los referentes a partir de lo que se “movía” en la calle: los automóviles, las frases populares. Para mí son muy importantes los títulos de las obras, ayudan a situar al espectador, le ponen los pies en la tierra, en la realidad que me interesa enfocar. Trato de que no se me escape la realidad cotidiana, de ahí que esta serie haya funcionado muy bien, en el sentido de que captó lo que circula en la calle. También sobre estos temas tengo las series Santa abundancia e Ilusión Tropical.

Guillermo Ramírez Malberti, La jungla, de la serie "Camino al Paraíso"

Cortesía de Guillermo Ramírez Malberti

Guillermo Ramírez Malberti, La lucha, de la serie "Camino al Paraíso"

Cortesía de Guillermo Ramírez Malberti

La serie Camino al paraíso fue muy comentada, porque captó elementos de uso frecuente dentro del espacio urbano.

Te refieres a los “camellos”, esos gigantescos camiones articulados que surgieron en el Período Especial para transportar cientos de personas. Para la última Bienal hice la pieza Isla almendrón, una intervención urbana frente al Capitolio con los automóviles “almendrones”, construídos antes de 1959 y que circulan aún gracias a la mecánica e inventiva de los cubanos.

Cortesía de Guillermo Ramírez Malberti

Guillermo Ramírez Malberti, Isla Almendrón: arriba, un dibujo del proyecto; bajo, el proyecto realizado en la oncena Bienal de la Habana en 2012.

Cortesía de Guillermo Ramírez Malberti

También tengo piezas más recientes con los llamados P ‒ómnibus actuales para la circulación urbana en La Habana. Hice un homenaje al músico argentino Ástor Piazzolla donde el fuelle del ómnibus funciona como el fuelle del acordeón, y al lado hay unas manos tocando un teclado, como una suerte de gigantografía. También mi serie Ilusión tropical enfoca el mundo del tabaco y de las jineteras o prostitutas cubanas. Me interesa reflejar constantemente la realidad en mi obra de manera aguda, crítica, sin desdeñar la presencia del humor. Pero no es un humor para buscar la carcajada, sino uno más sutil, que te haga pensar y te lleve por otros caminos.

Guillermo Ramírez Malberti, Homenaje a Astor Piazzolla, de la serie "Camino al Paraíso"

Cortesía de On Cuba

Durante algún tiempo aborda el tema erótico, ligada a la identidad, con cierta comicidad. ¿Podría decirse que ha habido un abandono de este tópico en función de temas de una impronta más social?

En la exposición Juego de manos, celebrada en el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, agrupé algunas piezas eróticas como: Puzle pa’ Margarita, En barra y Retozo angelical; esta última eran dos angelitos teniendo sexo. A cada rato preparo un proyecto así, donde me pongo retos. En aquel momento fue el tema erótico; ahora estoy dándole vueltas al asunto de la identidad, del género. Los estoy trabajando de manera muy amplia, asumiéndolos desde diferentes visiones de hacer como aplicarlos mediante instalaciones, la fotografía, la pintura.

Ud refiere el barro como un material más en relación a sus obras de cerámica y esculturas. ¿Qué factores toma en cuenta a la hora de modelar?

Guillermo Ramírez Malberti, Del barro venimos

Cortesía de Guillermo Ramírez Malberti

El barro siempre lo he asumido como tierra, como piel y en ese sentido es que lo pienso como material. Quizás la pieza más cercana a esa intención fue Del barro venimos. En ella, un personaje se modela a sí mismo en barro, porque uno tiene justamente que modelarse, que hacerse, que autoeducarse. Cercana a esta intención, realicé además una serie que se llamó Memorias de viaje, donde uno de los personajes permanece todo el tiempo en barro, ya sea llevado a la pintura o en la propia escultura. Esto era una nota autorreferencial, pues el personaje soy yo mismo. Un personaje que pretende sentirse parte de su tierra, porque estamos hechos de tierra. Yo buscaba un símil de la tierra como nacionalidad, como espacio propio, como cuerpo, y justamente el barro me permite jugar con esas asociaciones. Este personaje se mueve, habla, viaja al exterior, pero sigue siendo ese barro, mantiene esa corporeidad.

En CDAV: Guillermo Ramírez Malberti, Prueba de resistencia

Cortesía de Guillermo Ramírez Malberti

Muchas de sus piezas derivan de préstamos de Arte Pop, de la propia gráfica o de las vanguardias artísticas. ¿Cuáles considera sus principales influencias visuales?

Del Pop siempre me ha subyugado con artistas como Jasper Johns, o Jeff Koons. De hecho Como te cuento mi cuento tiene mucho de la manera de hacer de Jeff Koons, posiblemente en lo formal, con una especie de coqueteo con el realismo socialista, con la ironía y el cinismo.

Incluso en mi obra pública el Pop tiene una presencia muy fuerte, todo lo objetual siempre me ha seducido mucho. Ahora mismo terminé en la provincia oriental de Las Tunas una pieza que me llama Venganza, y es un lápiz encajado en el lomo de un mouse, expresando la resistencia entre lo viejo a lo nuevo.

Toda obra hecha es siempre una influencia de lo vivido, aunque el Pop es el movimiento con el que a nivel formal me siento más identificado. De acuerdo con ideas de mi generación, he tomado de aquí y de allá sin tener un paradigma o un diálogo con figuras específicas.

Su reciente muestra Como te cuento mi cuento, exhibida en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, retoma y amplia un trabajo que usted había realizado años atrás. ¿Por qué volver nuevamente sobre una pieza aparentemente terminada?

La versión de Como te cuento mi cuento hecha en 1994 eran 14 piezas que abarcaban una historia más amplia, contada a manera de capítulos. Y realizadas sólo en barro. La intención del barro era desacralizar, el barro estaba sin esmaltar, era pura pátina, pintado de manera muy desenfadada, era un anti-monumento. Y tuvo su repercusión; de hecho para el Salón de Arte Contemporáneo hice una selección de las piezas más osadas dentro del conjunto.

Veinte años después, me pareció interesante retomar la mirada, desde la perspectiva de la confrontación generacional. Ahora, perpetuar la historia en el material bronce me parece que fuerza todavía más la ironía de la propia pieza. También volví al barro, pero esta vez desde el personaje del pionero (mi hijo) que está viviendo el momento político de manera más cercana.

También existe el interés de buscar un diálogo con el espectador, que se encontrará reflejado en estas piezas.

Creo que el hecho de que las figuras estén en bronce es más contundente y estremece más al espectador. Es mi historia personal, pero también es la historia de toda una generación que creció con la Revolución. Mirar la vida de todos de una manera museográfica propone un distanciamiento, y da además una sensación de profundo dolor. En la exposición existe ironía, cierta dosis de sátira y creo que los títulos de las obras expresan esto: ¿Seré como el Che?, El oficio del poder, Al enemigo duro, La boda del 64 de mamá y papá… todo esto te lleva en otra dirección.

Esta exposición articula instalación, escultura, fotografía, etc., en una suerte de collage. ¿En qué elementos se basó en el proceso de creación de una muestra tan variada?

Pretendo que esta muestra tenga el sabor del museo. De hecho para su preparación fui al Museo de la Revolución y traté de captar el espíritu testimonial que presentan los museos y espacialmente ese. Traté de captar la manera en que se muestran las obras, como las bandas que separan las piezas del espectador, que funcionan como protectoras de La Historia.

La referencia al momento real se ve igualmente a partir de la fotografía, que es un testimonio mucho más directo y que remite al momento tal cual. Usé fotografías y documentos de mi archivo familiar, la boda de mis padres, los reconocimientos que me daban en la escuela primaria, las fotos donde aparezco vestido de verde olivo. También usé medallas, las charreteras y la boina de miliciano, que enriquecen y dan al receptor una visión del momento de los años 60 y remiten más a la nostalgia. Uso todo tipo de elemento histórico que pueda multiplicar la experiencia del espectador, que no vivió ese momento ni nuestra infancia.

¿Cuáles son las distancias que se establecen entre la reciente muestra Cómo te cuento mi cuento y el trabajo homónimo que la antecedió?

Una instalacíon en Como te cuento mi cuento, 2014, por Guillermo Ramírez Malberti.

Cortesía de Guillermo Ramírez Malberti

Es curioso ver, veinte años después, cómo a pesar de que se mantienen muchas cosas vigentes y muy latentes, se percibe como cambio. Pueden pasar cosas pronto, de ahí la presencia de este niño y de esa bandera detrás de él, construída con billetes.

Además, sin dudas el artista no es el mismo 20 años después, tampoco los espectadores son los mismos de antes. Un elemento esencial es el propio material utilizado, que ahora le da otro vuelco a la lectura y a la factura de la pieza.

También ha sido conocida su faceta de director de arte y diseñador de escenografía, tanto para el cine como para el teatro. ¿Existe alguna interrelación entre su labor plástica y estas otras incursiones?

Provengo de una familia de las artes escénicas, mis padres eran actores. En algún momento yo incursioné en el teatro de aficionados y para mí hacer teatro en alguna forma es seguir ese vínculo.

Cuando estudiaba en el ISA estaba muy cercano a los estudiantes de teatro, con frecuencia hacía cosas en colaboración con ellos; después hice un posgrado de diseño escenográfico que fue como la antesala de la especialidad de dirección de arte del ISA.

Paralelamente a mi obra plástica he estado incursionando en el cine y en el teatro; es un trabajo que se ha ido llevando de manera simultánea. Con mi primo ‒el reconocido cineasta Juan Carlos Cremata‒ existe una cercanía familiar, pero también una empatía, una identidad de criterios desde el punto de vista estético y de todo tipo, que funciona como un engranaje bien articulado. A veces él viene a mí con las ideas, y otras veces yo le propongo, operamos de esa manera. Es una relación de trabajo intensa que ha funcionado y fructificado. Los textos que trabajamos son fuertes, trascendentales, estremecen al espectador. Desde el punto de vista visual la idea es apoyar eso, que el espectador salga de la sala impresionado. Es una labor que me da gran satisfacción personal, es muy edificante.

Guillermo Ramírez Malberti, La Fiel Cubana

Cortesía de Guillermo Ramírez Malberti

Su mirada al cine o al teatro, como su trabajo visual que es algo más íntimo, son reflejo de los mismos intereses, de las mismas intenciones…

Sí, pienso que en buena medida. Aunque no son complementos exactos en su totalidad. En el trabajo escenográfico uno se supedita a los intereses del director, en mi obra plástica el director soy yo. Pero sí hay puntos en común. De hecho, en mi obra plástica y en la obra aplicada para cine y teatro no hay un divorcio, hay intenciones de tocar la realidad, de testimoniar lo que vive cada día el cubano, de ahí que no haya contradicción alguna.

¿Hay algún nuevo proyecto que desea comentar?

Tengo entre manos un proyecto que quisiera hacer en algún momento, y el eje central de la exposición va a ser la cerveza de marca Cristal. También tengo proyectos medio engavetados, donde voy redondeando y perfilando alguna idea, pero al final dan a la luz, depende de la producción o del financiamiento, pero siempre van saliendo.

Maeva Peraza (La Habana, 1988). Lic. en Filología, trabaja como redactora para Ediciones Arte Cubano y colabora con revistas como Tablas y El Bisiesto. También ejerce la crítica de cine, escribiendo periódicamente para el portal web Cubacine. Artículos y poemas suyos se han publicado en varias revistas y sitios digitales cubanos e internacionales.