Tuesday December 12, 2017

"Espacios críticos habaneros": Desconstruyendo las áreas críticas del arte cubano de la década de 1950

Un nuevo libro explora la cultura y la crítica cubana en la década antes de la Revolución.

Cortesía de la Universidad de La Habana, uh.cu

Con selección y prólogo de la historiadora de arte Luz Merino Acosta, este libro en dos volúmenes examina los “espacios críticos” que formaron y transformaron las artes plásticas de esta época en Cuba. Yenny Hernández Valdés revisa el libro y su enfoque en el paisaje cultural de los años cincuenta.

En el marco de la vigésimo quinta Feria Internacional del Libro de La Habana 2016, fue presentado el libro “Espacios críticos habaneros del Arte Cubano: la década de 1950”, con selección y prólogo de Luz Merino Acosta, publicado por la editorial UH. Se trata de un grupo de textos que ofrecen un análisis del acontecer cultural que se dio en Cuba en los años cincuenta, período de importantes cambios para el país. Fue un momento en el que los avances tecnológicos y la influencia del capitalismo incidieron directamente en el desarrollo de la vida cultural.

El golpe de estado de Fulgencio Batista (1952) propició un contexto de corrupción, y la confrontación generalizada del pueblo ante la dictadura batistiana. desde escenario cultural de la época se patentizó un rechazo manifiesto al régimen oficial impuesto. Y coincide con el interés que  experimentan las Artes Visuales por las tendencias abstraccionistas.

Luis Martínez Pedro, Sin título, 1951

Cortesía de Galería Tresart

La abstracción, línea pictórica desarrollada para estos momentos en el resto del mundo, encuentra de la mano de los artistas cubanos el terreno oportuno para su amplio desarrollo. De ello queda constancia en las palabras de la investigadora Adelaida de Juan cuando afirmaba al respecto de los años cincuenta, en “La plástica en Cuba en 1953” (en Pintura cubana: temas y variaciones. Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), La Habana / México, 1980, p. 66):

“Cuando las circunstancias en que vive el artista se le presentan como esencialmente negativas, éste tiende a negarse a su presentación; deja de sentirse motivado, e intenta rebasar el ámbito hostil ciñéndose a los elementos que la propia plástica le ofrece. Cuando esta crisis social coincide en un país, además, con una aceptación cosmopolita de estos valores plásticos, el desarrollo de la abstracción se encuentra casi inevitablemente impulsado. Los artistas cubanos no fueron excepción de este planteamiento: la desintegración final de las fórmulas políticas y la ausencia de una realidad que ofreciera posibilidades de expresión, impulsaron la acogida de la abstracción, de la prescindencia y el repudio de la realidad en crisis.”

La segunda mitad de la década contempla el auge de los espacios de visibilidad y vorágine creativa. El desarrollo de un capitalismo neocolonial, que supuso una concepción de vida mercantilizada y moderna; la entrada al país de desarrollos tecnológicos como la televisión y la radio, la hegemonía norteamericana en el cine, condicionaron la subjetividad de la población.

Mario Carreño, Sin título, 1954

Cortesía de The Illusive Eye, El Museo del Barrio

Por su parte, el desarrollo del mercado de arte a nivel internacional incidió en el panorama cultural cubano. A mediados de la década comienzan a inaugurarse nuevos espacios en los cuales el arte nacional cobraba vida, fundamentalmente obras críticas de artistas cuyas posturas contestatarias apuntaban, desde la abstracción, su discrepancia al estatus que dominaba el país en aquellos “oscuros” momentos.

“Espacios críticos habaneros”…se divide en dos tomos, e incluye una selección de textos y autores que analizan y exponen las características culturales del horizonte señalado. El arco temporal objeto de estudio ha sido investigado en varias ocasiones por diversos especialistas (Adelaida de Juan, Antonio Eligio Fernández (Tonel), Yolanda Wood, Rufo Caballero, Pedro de Oraá y Graciela Pogolotti, cuyas exploraciones se extienden desde el comportamiento del arte cubano y su contexto hasta los artistas y obras más representativos del período.

Tres construcciones de Loló Soldevilla. De la izquierda: Stabile, 1954; Sin título, 1954; Sin título, 1955.

Foto: Cuban Art News, cortesía de Galerie Lelong

Por su parte, la autora hace un análisis enjundioso de cada uno de los “espacios críticos” que constituyen el núcleo de la investigación. Entre ellos se referencian las galerías, las exposiciones y curadurías, los espacios de visibilidad, las asociaciones, los manifiestos, los soportes, la circulación del saber del arte, el periodismo cultural y los enfoques de la crítica, por solo citar algunos.

Los espacios de visibilidad que emergen en los años cincuenta, como una de las zonas “críticas” señaladas, constituyeron lugares puntuales favorecidos por la ubicación urbana dentro de la ciudad, muy en consonancia con la circulación demográfica. Entre ellos estaban los vestíbulos de teatros, el conocido Hotel Nacional, la tienda El Encanto, capaz de atraer  gran cantidad de personas de las clase pudientes de la capital, el Club Fotográfico de Cuba, la Sociedad Universitaria de Bellas Artes, el Colegio de Arquitectos y la Universidad de La Habana.

Rafael Soriano, Sin título, 1958

Cortesía de David Zwirner Gallery

Los salones en la década del cincuenta –también identificados como “espacios críticos”, llegaron a convertirse en los lugares desde donde se hacía la evaluación, actualización y legitimación de las producciones nacionales más recientes. Todos resultaron espacios estratégicos para el consumo y la promoción del arte cubano más actual; así como también una ventana abierta al escenario internacional.

Por otra parte, la profesora Luz Merino también identifica soportes para “espacios críticos”. Las publicaciones culturales resultaron los canales difusores que intercomunicaba la creación artística y los ya mencionados espacios de exhibición. No obstante, en el panorama cubano de los años 50 se hace evidente el predominio de las iniciativas privadas para instituciones y ediciones. El interés estatal por publicaciones regulares no primó, y la balanza se inclina por el auge de ediciones con patrocinio privado.

Cortesía de ecured.cu

Ejemplos claves de soportes editoriales que circularon en la época fueron Lyceum (1939-1955), Noticias de Arte (1952-1953), la Revista Nuestro Tiempo (1955-1959) y el Boletín de la Comisión Cubana de la UNESCO (1952-1958). Las dos últimas conservaron una existencia regular que mantenía informado al público sobre los acontecimientos culturales más importantes que se sucedían en el escenario nacional.

La nueva sensibilidad de los años 50 fue alimentada por la televisión, los avances tecnológicos y la importancia del tiempo libre en el devenir del sujeto de los años cincuenta. El país se convirtió en uno de los principales emisores latinoamericanos de señales de radio y televisión para estos años, y altos niveles de consumo masivo se alcanzaron en ambos medios. Con tal difusión se privilegiaron figuras nacionales y extranjeras en el panorama radial y televisivo. Entre actores, actrices, cantantes, compositores, locutores y periodistas figuraron los nombres de Enrique Santiesteban, Gonzalo Roig, Rita Montaner, María Teresa Vera, Libertad Lamarque, Pedro Vargas, María Félix, Lola Flores y Sara Montiel.

Se produce así una circulación mayor y un consumo constante de la producción artística nacional, lo cual generó a su vez un incremento del saber cultural en el pueblo cubano. Como expresara Pilar Fernández al respecto (en “Nuevas publicaciones,” revista Art OnCuba, 1ro de marzo de 2016): “...se involucra con matices propios la creación artística, y junto a ella los agentes que dinamizan todo un proceso de la cultura nacional en el que transitan: el mercado, el consumo, la cultura de masas y la industria cultural.”

Por otra parte, Acosta refiere su criterio de selección en cuanto a los autores y textos que conforman el corpus teórico del libro. “La selección…se asienta en los soportes de mayor circulación en los años cincuenta. Se ha tratado de cubrir el arco temporal comprendido en las fronteras virtuales entre 1950 y 1959, como todas aquellas firmas que de una forma u otra, tanto en columnas regulares como de manera más puntual, ejercieron la crítica (…) “

Sandú Darié, Estructura, 1958

Cortesía de David Zwirner Gallery

De tal manera, la autora nos descubre textos de artistas y intelectuales relevantes como Marcelo Pogolotti (1902-1988), Luis de Soto (1893-1955), Jorge Mañach (1898-1961), Loló de la Torriente (1907-1985), Enrique Caravia (1905-1992), Gastón Baquero (1914-1997), Mario Carreño (1914-1999) y Ramón Loy (1894-1986), por solo citar algunos.

Mas no se hace referencia explícita sobre quiénes fueron, sus aportes a la historiografía y la crítica cubanas, sus respectivas posturas frente a la política del país, sus campos de investigación, los partidos o asociaciones a las que se afiliaron y desde las que ejercieron o no su criterio. Cuestiones como éstas saltan una vez que nos adentramos en la lectura de Espacios críticos habaneros…; aspectos que -a mi entender- resultan completamente necesarios para la comprensión del acontecer cultural de los años cincuenta en Cuba.

Loló Soldevilla, Sin título, 1957

Cortesía de David Zwirner Gallery

Considero que aún quedan “zonas oscuras” que requieren de investigaciones profundas respecto a la etapa analizada. De ellas vale mencionar la indagación en los autores seleccionados y su repercusión en el escenario cultural desde la postura del crítico; el desarrollo del acontecer artístico internacional que influyó directamente en la concepción del arte cubano y que permeó la proyección de este más allá de las fronteras nacionales; el hincapié en la fuerte relación que se establece entre el contexto político y social del momento y la cultura como ámbito mediado por el tenso panorama republicano.

Sin embargo, tales intersticios no los considero negativas de Espacios críticos habaneros…sino  impulsos motivadores para continuar investigando sobre el arco temporal referido. Es necesario destacar la ardua tarea que ha llevado a cabo Luz Merino, quien ofrece luces de cada uno de los “espacios críticos” del acontecer republicano. Con ello expone datos de zonas poco trabajadas y profundizadas de este período que constituyeron el antecedente del contexto revolucionario que experimentaría el país en la década posterior.

Yenny Hernández Valdés (La Habana, 1992). Graduada de Historia del Arte por la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, trabaja como especialista en Promoción Cultural en el Centro para la Interpretacíon de las Relaciones Culturales Cuba-Europa, perteneciente a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana (OHCH).