Saturday June 24, 2017

Ernesto Javier Fernández: Un Fotógrafo en Blanco y Negro

Sobre el poder de las imégenes, el arte de la instalación, y la diferencia entre arte y periodismo.

El fotografo Ernesto Javier Fernández en su estudio

Foto: Ladyrene Pérez

Seguramente aquel día no era exactamente el más propicio para conversar. En su taller le esperaban una periodista y una fotógrafa, pero allí una de sus imágenes de La Habana era consumida sin remedio por la humedad. Para la periodista y la fotógrafa aquello derivaba en una especie de morbosa curiosidad -no siempre se asiste a un debate por dejar fuera de circulación, o no, una pieza de arte- pero para Ernesto Javier Fernández implicaba, entre otros, una distracción en el diálogo.

Además, la plática se interrumpía una y otra vez por alguna consulta técnica de los asistentes, o una llamada telefónica. En aquellos instantes, que probablemente duraban el mismo tiempo que tardaba en consumirse un cigarrillo en las manos del artista; periodista y fotógrafa entenderían por qué Ernesto Javier les había dicho que La Habana de 2015 no era la de los años 80. En esta, los artistas sí viven del arte y la presencia nula de un mercado nacional hace que las llamadas internacionales sean de obligatoria atención. Ambas esperaban con la única intención de conseguir una entrevista decente y varios datos importantes, a pesar de que conocían de memoria la etiqueta de “complicados” que cargan los artistas.

“Me inspira lo que pasa en Cuba con el ser humano, con la ciudad y con la emigración.”

Foto: Ladyrene Pérez

Fotógrafos de la Cuba contemporánea, Ernesto Javier es también el hijo de Ernesto Fernández, una leyenda artística en la Isla de la época más brillante de la fotografía cubana, esa que documentó al mundo los momentos épicos de la Revolución y continuara luego en la inolvidable década del 80. Fotógrafo de Guillermo Cabrera Infante, Ernesto padre se nutrió de la revista Cuba Inernacional, donde confluyeron los mejores intelectuales jóvenes de la época: Eliseo Alberto de Diego, Norberto Fuentes o Antonio Conte junto con fotógrafos de la talla de Roberto Salas, Korda y Corrales. Esa suerte de destino personal le aportó no solo una experiencia cultural, sino interesantes lecturas sobre la sociedad cubana y el arte que desde aquí quedaba establecido.

Para Ernesto hijo, sin embargo, la distinción entre fotografía de prensa y fotografía creativa, así como los primeros pasos en el periodismo, no fueron una decisión personal, según él:

“La parte creativa también se hacía en los años 80, pero no se ganaba un centavo con eso, más bien uno se moría de hambre si se decidía por ella. Todas las cosas que pudieron hacerse y que ahora se venden con precios astronómicos, en realidad estaban pensadas para dejarlas en casa de un amigo. No se le vendía una obra de arte a nadie. Nosotros teníamos que buscar de qué vivir, tratábamos de que fuera algo cercano a lo que nos gustaba, en mi caso fue meterme en el periodismo, pero siempre separé la fotografía de prensa y la creativa, los problemas sociales estaban ahí y era lo que a mí me interesaba, para una cosa o para la otra”.

Un viaje a Alemania en los años 90 le facilitaría entonces el contrato con importantes agencias de prensa, y las exposiciones para promover su arte fuera de la crisis económica y social que atravesaba Cuba. El Centro Cultural Zapata es hoy un motivo de remembranza para él. Artistas de 27 países tenían allí vivienda gratis y dinero para sus proyectos, con la única condición de trabajar los fines de semana en una discoteca que ellos mismos dirigían. Luego de esa época decidió dejar a un lado la fotografía de prensa. No lo hizo no por desinterés -aclara- “a mi regreso a Cuba no tenía dónde hacer la fotografía a la cual me había acostumbrado para las revistas alemanas”.

“Es lamentable que Cuba no cuente con revistas o periódicos que hagan un verdadero despliegue de la fotografía, si tenemos en cuenta los momentos de la Épica Revolucionaria en la fotografía y el alcance que consiguió. Tampoco existe una escuela de fotografía”, añade. “La generación de mi padre trabajaba al estilo de la revista Life, donde un 70 por ciento era de imágenes y solo un 30 de texto. Aquí, se perdió esa noción; al final los artículos con tanto texto muchas veces no muestran cómo son los hechos en realidad”.

Pero al menos está la Escuela de Fotografía Creativa de La Habana…

Ese es el único intento que se ha dado, después de uno fallido en los 80. Pero tiene solo cinco o seis años y no cuenta con el reconocimiento que merece.

¿Qué no debe faltar en la formación de un fotógrafo?

Hacer fotografía, incluso más que la escuela y tener cómo mostrarla. Probablemente las revistas de fotografía y de noticias, los periódicos y los estudios de publicidad y de cualquier tipo, son los que verdaderamente aportan un oficio sin el cual no puede pensarse en un verdadero profesional.

¿Si fuéramos a comparar la época de tu padre o la tuya, con la actual generación de fotógrafos en Cuba, en materia de contextos y de técnica, qué tendrías que decir?

La generación de mi padre se basaba en el talento puro y en lo que aprendían día a día los unos de los otros. Pero no creo que en estos momentos haya en Cuba una generación de fotógrafos. Hay personas que hacen fotografía porque quieren o les gusta, pero no tienen formación. Muchos jóvenes están utilizando la fotografía como camino entre las artes, pero no saben realmente lo que están haciendo. La fotografía más profesional, independientemente de que guste o no, la hacen los que se dedican a hacer bodas, quinces y cumpleaños. Son quienes mejor manejan los laboratorios digitales, algo que no pasa con la prensa. Incluso, las buenas fotografías sobre Cuba las están tomando los extranjeros que vienen, quienes indiscutiblemente saben lo que hacen.

“Incluso, las buenas fotografías sobre Cuba las están tomando los extranjeros que vienen.”

Foto: Ladyrene Pérez

¿Cuáles temáticas o presupuestos conceptuales prefieres para guiar tu obra?

El primer compromiso es con uno mismo, que te guste lo que hagas, al margen de lo que pudiera pasar después. Trabajo con lo que me interesa, con lo que me duele o me molesta. Me inspira lo que pasa en Cuba con el ser humano, con la ciudad y con la emigración. Cuando inicié las series de los balseros -en la década pasada- lo hice porque el arte cubano comenzó a explotar todo lo relacionado con la emigración de los 90, pero todas las referencias eran a objetos, botes, remos vacíos, siluetas…me interesaba mucho ponerle rostro a eso. Creo que entonces, por primera vez, la emigración empezó a tener una verdadera cara dentro del arte cubano.

"Trabajo con lo que me interesa, con lo que me duele o me molesta."

Foto: Ladyrene Pérez

Con toda mi formación de periodismo, de fotografía y hasta de cine, comprendí que podía hacer lo que quisiera con las fotos, no era necesario ser tan plano. Así me propuse que la realidad no existe, sino que es algo que yo hago que suceda para construir, por ejemplo, el tipo de obras que se convierten en una cosa u otra de acuerdo a como las mires, o las enciendas. Esto puede variar, pero los temas siempre serán los mismos.

Cuando ya el diálogo era más fluido, Ernesto Javier confesaba que jamás le había interesado entrar en el “mundillo del arte”, donde según él hace falta un curador hasta para colgar tres cuadros en la pared. No le han interesado ni siquiera los aplausos: su única preocupación ha sido el proceso creativo, y su resultado puede verse en cada una de las obras que a manera de rasgo distintivo incorporan, casi siempre, algún texto incrustado a la fotografía con una luz de neón.

Las obras, a manera de rasgo distintivo incorporan, casi siempre, algún texto incrustado a la fotografía con una luz de neón.

Foto: Ladyrene Pérez

El texto para mí es un apoyo a la imagen o una manera de contar la historia, porque trabajé mucho en el mundo editorial y por tanto la escritura es algo primordial. Me interesa que una obra sea una historia dentro de otra, por eso mezclo cosas y trato de formar con mis piezas una gran telaraña, al igual que todo lo que ha ido ocurriendo alrededor mío.

¿No te preocupa que la obra se entienda de modo diferente a cómo te lo planteaste al inicio, en la concepción misma de la pieza?

En lo absoluto. Cada cual interpreta los hechos de manera diferente. No hay razón para entender algo del mismo modo.

En esta filosofía, ¿dónde quedan los colores?

Veo mucho en blanco y negro. Los considero mucho más limpios en el sentido de que permiten incorporar luego lo que uno quiera a la imagen. Las piezas en blanco y negro me resultan mucho más dramáticas, bellas y expresivas. Solo hago fotografía a color para algún trabajo en específico, no porque me interese. No veo el mundo a color.

“Las piezas en blanco y negro me resultan mucho más dramáticas, bellas y expresivas.”

Foto: Ladyrene Pérez

Mientras decía esto, periodista y fotógrafa seguían entendiendo el carácter complejo de los artistas. Quizás pensaran en Goteo, la pieza de Ernesto Javier en la concluida Bienal de La Habana. Una obra formada por pequeñas fotografías en blanco y negro, de formas lenticulares que salen de las tuberías, y que mostraban momentos puntuales de la historia cubana.

En el estúdio, una versión de Goteo, la pieza de Ernesto Javier en la concluida Bienal de La Habana.

Foto: Ladyrene Pérez

Pero a periodista y a fotógrafa no les queda tiempo para seguir preguntando. Afuera otra imagen colmada de humedad, espera algún destino.

Lianet Hernández (Artemisa, Cuba, 1989) Licenciada en Periodismo por la Universidad de la Habana. Trabaja en Casa de las Américas, y colabora habitualmente con la revista OnCuba.