Thursday October 19, 2017

Cineastas cubanos en el Flaherty Film Seminar, Parte 1: Gloria Rolando

Tres directores reciben becas para discutir la situación del documental internacional.

Los cineastas cubanos Gloria Rolando, Cruz Gustavo Pérez, y Gilliam de la Torre han recibido este año ayudas económicas para formar parte de la 58 edición del Robert Flaherty Film Seminar, celebrado del 16 al 22 de junio. Estos representantes de tres generaciones diferentes de hacer cine en Cuba, se han conocido por primera vez en Colgate University (Hamilton, NY), sede del encuentro anual internacional entre directores, escritores y estudiosos del cine documental.

En esta ocasión, el programador Josetxo Cerdán (Tudela, España, 1968) ha seleccionado un compendio de películas de no-ficción bajo el título “Open Wounds” (Heridas abiertas), que ha llevado a los participantes a discutir sobre cine personal, cine político y social, problemas de representación, de cómo acercarse “al otro”, los misterios de la edición cinematográfica, el deber (y el coraje) de filmar aquí y ahora, la predisposición a adoptar ideas preconcebidas (o lo que decidimos que la realidad significa) y, en general, a reflexionar sobre el cine documental como defensa y reivindicación de identidades.


La periodista y editora cinematográfica Mónica Savirón asistió al Flaherty Seminar y entrevistó para Cuban Art News a los directores cubanos. Ellos hablan de sus carreras, del cine cubano, y de sus experiencias en el seminaro. A continuación están las declaraciones de Gloria Rolando; las entrevistas con Gustavo Pérez y con Gilliam de la Torre aparecerán mañana y pasado mañana.


Gloria Rolando (Habana, Cuba, 1953): Empecé mi carrera en 1976, cuando me gradué en Historia del Arte. El Instituto de Cine Cubano (ICAIC) empezó a buscar graduados universitarios de periodismo, filosofía, historia, u otras humanidades para integrarse en el ICAIC e investigar, ser asistentes de direccion, y ayudar en general a otros graduados. No es hasta finales de los años 80 que empiezo a sentir la necesidad de expresarme con el cine, pero la industria es muy pequeña, y no había un plan para desarrollar las carreras de las mujeres, por lo que había muy pocas directoras de cine. En los 90, la producción cinematográfica se vio muy afectada por los problemas económicos del país pero, por otro lado, empezó la tecnología del vídeo, lo que ofreció a los artistas cubanos una opción alternativa. La nueva situación me encaminó a dirigir.

En 1991 hice mi primer documental, Oggun, sobre el mundo de la religión afrocubana, y así empecé, con una visión muy particular sobre la vida de uno de los cantantes más importantes que hemos tenido en Cuba y que forma parte de esta religión, Lázaro Ross. Después se me ocurrió que podía inventar un grupo que trabajara con vídeo y que se dedicara a los estudios y a la presentación de la historia de los afrocubanos. El grupo se llamó “Imágenes del Caribe”. Ninguno de mis proyectos ha tenido un presupuesto: se empieza con una cámara de algún amigo, o un poco de dinero para alquilar equipo, pero siempre con una idea clara de lo que quiero contar. Me gustan mucho los temas de la historia representada a menudo con estereotipos. Mi inspiración han sido los valiosos trabajos sobre la historia realizados por los cubanos Sergio Giral, Sara Gómez (primera mujer que hizo cine en Cuba), y Rigoberto López.

Después empecé a trabajar sobre inmigración, sobre la historia de los negros cubanos con apellidos ingleses que vienen de distintos lugares del Caribe. Es la historia de la emigración económica que empezó a principios del siglo XX. La película se titula My Footsteps in Baragua. Después hice Pasajes del corazón y la memoria, que retoma la historia de los inmigrantes de apellido inglés, pero específicamente de los que fueron desde las islas Caimán a la isla de Pinos (hoy se conoce como isla de la Juventud). Empecé a descubrir un mundo histórico que nace por una necesidad económica, pero que a la vez brinda una cultura, unas costumbres, y yo quería dar voz a los protagonistas de esa historia. Cuba es un país multicultural, y una parte de su cultura es la del Caribe anglófono que llegó a la isla.

También he hecho dos documentales sobre el carnaval habanero, El Alacrán y Los marqueses de Atarés. Es la historia de las personas que humildemente hicieron la música que dio brillo al carnaval de la Habana, y la historia de sus descendientes. En 2003 empecé el proyecto 1912, voces para un silencio, un trabajo dividido en tres capítulos y dedicado a la historia del partido de los independientes de color, el único partido político que han tenido los negros en la historia de Cuba. Empezó en 1908 y terminó de forma sangrienta en 1912, con lo que ahora se cumplen 100 años de la masacre, de este capítulo tan olvidado y desconocido de la historia de Cuba. Están ya terminados los dos primeros capítulos, que funcionan a modo de introduccion y explican los antecedentes del siglo XVIII y XIX en Cuba. El tercer capítulo nos lleva desde este momento hasta la masacre final.

De mi experiencia en el Flaherty Seminar me llevo que hay lenguajes de vanguardia que se pueden incorporar a la narración, incluso si estamos trabajando con material histórico y didáctico; el uso de libertades estéticas con imágenes de archivo y con fotografías, como en el trabajo de la directora portuguesa Susana de Sousa. También el uso vanguardista de la banda sonora, que forma parte de la estética de lo que estoy contando, dentro de un sentido cronológico. En mi trabajo, yo no sólo presento un tema, sino que voy caminando entre las voces de historiadores y entrevistas con expertos. Son imágenes con más logística. El material del Flaherty tiene valores históricos, pero no la suficiente información para seguir un proceso. El trabajo de De Sousa se refiere a los hechos históricos de una dictadura pero sólo con imágenes. Yo necesito información adicional como valor que acompaña al conjunto cinematográfico. El cine de Lourdes Portillo, que también vimos en el Flaherty, es de una maestría tremenda. Ella domina el guión, y yo me sentí muy identificada con su estilo de contar, que es muy sólido. Los documentales para mí siempre deben de ser como un cuento, y si uno puede contar lo mejor posible ese cuento a través del montaje yo creo que se puede llevar un mensaje interesante, sobre todo si se escogió un tema histórico.

En Cuba se celebra el festival de cine todos los años, y Lourdes Portillo estuvo en Cuba hace tiempo. También tenemos una semana de cine de Italia, de la India, etc., pero esta semana en Nueva York ha sido un regalo; he compartido, me he relacionado socialmente, he visto otros puntos de vista de hacer cine, y he podido ampliar mi visión. El cineasta cubano se siente limitado en los recursos, y no podemos acceder a los fondos de algunas fundaciones por motivos políticos que todo el mundo conoce, para cubanos que viven en Cuba. Yo me muevo más en el mundo académico y eso me ha ayudado a tener normalmente un público y una confrontación con mi trabajo. No es como en los festivals de cine, pero al menos esta función didáctica me hace sentir útil.

Lo más importante es tener el acceso a intercambios como el del Flaherty. Las consecuencias en mi obra vendrán con el tiempo, pero es importante tener el espacio para poder dialogar. El arte cubano no es único, incluso desde antes de la Revolución nuestro arte fue muy universal: la danza, la música, el cine. La cultura cubana ha sido siempre muy rica, llena de cultura popular tradicional, y yo he tenido la oportunidad de beber de todas esas fuentes.

El Americas Media Initiative ayudó a obtenir los fondos para los viajes de los directores cubanos; la Fundación Ford y la Fundación Reynolds cubrieron las becas.


Mónica Savirón (Madrid, España) es una periodista, editora cinematográfica y programadora que trabaja en Nueva York. Produjo el programa de radio semanal "La Hora del Documental" durante diez años, y ha trabajado para distintos festivales de cine, además de escribir ensayos para medios de comunicación internacionales sobre cine documental y experimental.