Saturday December 16, 2017

El Ballet cubano se reúne con el Ballet Silicon Valley: Carreño presenta la versión de Giselle de Alonso

José Manuel Carreño presenta en los EE.UU la coreografía clásica de Alicia Alonso

Alexsandra Meijer del Silicon Valley Ballet en el papel de Giselle

Foto: Chris Hardy, cortesía de Silicon Valley Ballet

El 16 de octubre, 2015, el recién renombrado Silicon Valley Ballet (SVB, anteriormente conocido como Ballet San José) estrenó la versión del ballet Giselle de Alicia Alonso, en el Centro San José para las Artes Escénicas. La actuación reforzó las  opiniones sobre el brillante futuro del SVB bajo la dirección de su director artístico, el cubano José Manuel Carreño.

También dio fe de las muchas maneras en las que Cuba ha contribuido con las tradiciones danzarías en todo el mundo.

Carreño comenzó como director artístico del SVB en el 2013, después de una distinguida carrera como bailarín. Nacido en la Habana, José Manuel siguió el ejemplo de su tío Lázaro Carreño, bailarín principal del Ballet Nacional de Cuba. José Manuel recibió entrenamiento de excelencia en la Habana y fue merecedor de múltiples premios internacionales.

Por estos  resultados, actuó con el Ballet Nacional de Inglaterra y el Royal Ballet antes de unirse al American Ballet Theatre (ABT) como bailarín principal en 1995. Bailó con el ABT hasta su retiro de la compañía en el 2011. Comenzó a fungir como director artístico del SVB poco tiempo después, y rápidamente comenzó a trabajar para presentar la versión de Giselle de Alicia Alonso.

Muchos se preguntarán…¿por qué Giselle? El ballet romántico del siglo XIX de origen francés parecería haber sido eliminado de la Cuba socialista contemporánea, sin embargo ha ganado un lugar distinguido en la cultura de la isla.

Alexsandra Meijer en el papel de Giselle y Brett Bauer en el papel de Albrecht en el Acto I de Giselle

Foto: Alejandro Gómez, cortesía de sfcv.org

Las relaciones entre Cuba y Giselle se estrecharon cuando la bailarina cubana Alicia Alonso desempeñó el papel que da nombre a la pieza el 2 de noviembre de 1943, como miembro del Ballet Theatre (hoy ABT) en Nueva York.

Desde ese estreno hasta la actualidad, ha recibido aplausos por su excelente  interpretación de ese papel. En octubre de 1948, el Ballet Alicia Alonso, la primera compañía de Ballet profesional en Cuba, ahora Ballet Nacional de Cuba, interpretó  la versión de Giselle de Alonso, basada en la coreografía original de Jean Coralli y Jules Perrot. El ballet inmediatamente se convirtió en un hito en el repertorio danzario de la compañía.

La versión de Giselle de Alonso no sólo se convirtió en una pieza regular de la experiencia cultural de la isla, sino que deleitó a audiencias internacionales. Bailarines cubanos interpretaron a Giselle en el exterior, y esto comenzó con la gira internacional realizada por el Ballet Alicia Alonso en 1948–1949.

En 1959, un crítico de Buenos Aires  felicitó la versión cubana de Giselle y dijo que Alicia Alonso había nacido para que Giselle no muriera. En 1972, la versión cubana de Giselle  llegó a ser conocida internacionalmente cuando el Paris Opera Ballet invitó a Alonso a interpretar y protagonizar su versión de la pieza de ballet. Esto tuvo una gran resonancia internacional, ya que la versión original de Giselle se había estrenado en París en 1841.

Después de esta actuación, muchas otras compañías de todo el mundo invitaron a bailarines cubanos a interpretar la versión de Alicia Alonso. Sin embargo, el  SVB es la primera compañía  estadounidense que lleva esta pieza a escena.

La Giselle de Alonso difiere de otras aproximaciones. Destaca el cuerpo de ballet más que otras versiones. Por ejemplo, en el Acto 1, diez campesinos bailan un pas de dix en vez de un pas de deux de dos bailarines, lo que es común en otras actuaciones. En el Acto II la mujer que parece un fantasma Willis  hace una coreografía rigurosa que permite al  grupo brillar.

Finalmente, el Ballet Cubano guarda con cuidado la tradición, que se manifiesta en pequeños detalles como brazos redondeados suavemente y una apariencia delicada de los movimientos. Estos aspectos tienen como objetivo preservar y celebrar los orígenes románticos de la pieza.

El SVB acogió este estilo, gracias a la guía de Carreño y las bailarinas invitadas Loipa Araújo y Svetlana Ballester, ambas antiguas bailarinas principales del Ballet Nacional de Cuba.

Loipa Araújo con bailarines del Silicon Valley Ballet

Foto: Chloe Veltman, cortesía de KQED

Los comentarios en los EE.UU sobre la actuación han señalado estos aspectos (aunque no muy convencidos de su cubanidad) y han alabado la limpieza en la actuación del  SVB, sus bailarines y la manera romántica en que lograron embellecer la pieza.

Además, José Manuel Carreño desempeñó el papel de Hilarion, lo que hizo más sólida la capacidad danzaria cubana en la pieza.

En algunos aspectos, la Giselle tradicional puede parecer una elección extraña  para una compañía que busca estrechar las relaciones con el Silicon Valley. Sin embargo, la producción reconoce el pasado de Carreño, su visión actual para la compañía y sus esperanzas futuras. 

En una entrevista, Carreño dijo que aunque la oportunidad fue casual, la producción contribuyó positivamente al desarrollo actual de las relaciones Cuba-EE.UU, después de su normalización en diciembre de 2014 y la apertura de embajadas en julio de 2015.

Producciones como Giselle pueden ayudar a establecer nexos culturales y políticos. Verdaderamente, Carreño y sus colaboradores trajeron una pieza de la cultura cubana a California, inaugurando una nueva era en la escena local del ballet y rindiendo tributo a los legados del ballet cubano, el cual continúa contribuyendo con las tradiciones danzarías en EE.UU y el mundo. 

José Manuel Carreño, Junna Ige, Maykel Solas y Amy Marie Briones en Giselle

Foto: Chris Hardy, cortesía de KQED

Elizabeth Schwall es candidata al doctorado en Historia Caribeña y Latinoamericana en la Universidad de Columbia (New York). Su investigación examina cómo varias formas danzarias contribuyeron con discursos políticos sobre la sociedad, política y cultura en Cuba y la diáspora de 1930 a 1990. Ha contribuido con el Dance Research Journal y la próxima Routledge Encyclopedia of Modernism, Dictionary of Caribbean and Afro-Latin American Biography y la New West Indian Guide / Nieuwe West-Indische Gid. El Graduate Research Fellowship de la Colección del Patrimonio Cubano de la Universidad de Miami y el Mellon Traveling Fellowship de la Universidad de Columbia financiaron su investigación en los Estados Unidos y Cuba.