Wednesday June 20, 2018

Arrechea en Nueva York: probando los límites del arte.

Alexandre Arrechea expande el campo escultórico en su más reciente muestra en Nueva York.

Imagen de la exhibición "Elasticidad" en la galería Magnan Metz en Nueva York; las obras representan el "Chrysler Building" de Nueva York y el "John Hancock Building" de Chicago

Cortesia de la galería Magnan Metz

Elasticidad” (Elasticity) es el título de la más reciente muestra individual del artista Alexandre Arrechea en Nueva York. Desde el pasado 15 de abril hasta el 22 de mayo, Magnan Metz Gallery, el nuevo espacio de los galeristas Alberto Magnan y Dara Metz, acogen la tercera muestra del artista cubano, integrante hasta el año 2003 del equipo de Los Carpinteros, y titular hoy de una carrera individual en franco y rápido ascenso.

Las piezas expuestas en MagnanMetz desarrollan varias ideas que el artista iniciara en Madrid, ciudad donde reside, durante la última exhibición en la galería Casado Santapau. Por un lado, las esculturas y dibujos de la serie “La Ciudad que no cesa de Bailar” donde edificios de valor cultural e histórico (como el Chrysler de Nueva York o el Barcardí de La Habana) son convertidos en trompos como los usados por los niños para jugar en la calle.
Con esta metáfora sencilla y poderosa de la incesante transformación urbana, ha construído dos enormes modelos. Uno de ellos, con 13 pies de altura, se apropia del edificio de estilo ArtDeco que erigió en 1930, para la sede de la compañía Bacardí en La Habana, el arquitecto cubano Rodríguez Castells. Esta serie se completa con varias acuarelas de edificios reales e imaginados, convertidos también en móviles. Para diseñar estas creaciones utópicas, Arrechea ha utilizado el estilo de dibujo típico de la publicidad comercial de los años 40, con lo que introduce un sutil enlace hacia una de las décadas prodigiosas del “american way” norteamericano.

Otra de las metáforas arquitectónicas introducidas en “Elasticidad” son los rascacielos “enrollables” construídos en aluminio. El artista describe este trabajo como “una metáfora de las formas constantemente cambiantes en la evolución de la mente”. El resultado, irónico y desafiante como los relojes blandos de Salvador Dalí, es “Elapsed Time”: un edificio capaz de ser extendido o recogido como las mangueras de agua omnipresentes en los jardines de Norteamérica. Si aquí el movimiento es más sugerido que real, en la última bienal de La Habana Arrechea presentó una escultura capaz de expandirse y contraerse en tiempo real bajo los impulsos inhalámbricos transmitidos desde la bolsa de Nueva York.

Con dos exposiciones simultáneas más en Estados Unidos (“The Rules of Play”, Savannah College of Art and Design, hasta Julio 2010 y “Ideational Architecture”, Los Angeles Municipal Art Gallery, Barnsdale Park, CA.), y la reciente proyección del video “Black Sun” sobre el edificio NASDAQ, en Times Square, el artista cubano consolida una carrera que comenzó en la década del 90 junto al resto de Los Carpinteros y que ahora se define con una proyección conceptual propia.

Con ellos comparte varios rasgos comunes: una visión extremadamente sofisticada del arte, el uso de los materiales y el outsourcing externo del proceso de realización, las reflexiones irónicas en torno a los objetos cotidianos, su refuncionalización contradictoria; y la concepción de “lo cubano” en el arte más como una soterrada actitud de cuestionamiento que como una nota costumbrista incorporada a las obras.

Pero su repertorio de imágenes y búsquedas se ha ampliado para apropiarse sin localismos de fenómenos sociales que ocurren fuera de Cuba, su creación incorpora con extrema facilidad los signos culturales de geografías ajenas para subordinarlos a un concepto. Si en el siglo XIX los artistas viajeros procedentes de Italia, Francia, Bélgica, arribaban a Cuba para intentar captar el color local, hoy Arrechea, el mulato culto de la otrora Villa de Trinidad, hace del mundo sus visiones y nos lo devuelve trasmutado en arte.