Friday May 26, 2017

Una feminista norteamericana en Cuba:  Margaret Randall en medio de la Revolución.

La escritora norteamericana revisita su vida en medio del homenaje de la Feria del libro 2017.

Margaret Randall con el periodista argentino Rodolfo Walsh, cofundador de la agencia de noticias Prensa Latina, en La Habana, 1968.

Cortesía de Havana Times.

Poeta, fotógrafa, escritora, activista social y feminista, Margaret Randall pasó más de una década viviendo en la isla, escribiendo y editando libros de poesía, historia social y sobre mujeres. Más recientemente, ha publicado Only the Road / Solo el camino: Eight Decades of Cuban Poetry (Duke University Press, 2016).

La traducción en Español de su memoria Cambiar el Mundo: Mis años en Cuba (To Change the World: My Years in Cuba, Rutgers University Press, 2009) ha sido publicada en Cuba por Ediciones Matanzas. Esta tarde, un homenaje y encuentro con Margaret Randall será realizado en Casa de las Américas como parte del programa de la Feria Internacional del Libro de La Habana.

Laura Ruiz Montes –poeta, editora, ensayista y traductora- conversó con Randall sobre sus experiencia cubana.

Randall, segunda de la derecha, al Congreso Cultural de La Habana, enero 1968. El periodista Rodolfo Walsh está en el centro; a la derecha está el artista argentino Antonio Seguí.

Cortesía de Margaret Randall.

Ud. estaba activa en el movimiento estudiantil de México, en los 60. En medio de la represión en México, ¿cómo logró salir de ese país y viajar a Cuba?

El viaje a Cuba fue complicado. Cuando empezó la represión, tuve que esconderme. Era evidente que no podía permanecer en México. En Ciudad México los compañeros cubanos me dijeron que si yo lograba llegar a Praga —una de las ciudades “puente” en aquellos años— ellos se encargarían de hacerme llegar a La Habana. Ya habían recibido a mis cuatro hijos, la menor de 3 meses. Y mi compañero viajó legalmente, por Madrid.

Yo, en cambio, no tenía papeles, así es que tuve que pasar la frontera México/Estados Unidos en un camión refrigerado de carne. Atravesé Estados Unidos de sur a norte en un bus Greyhound, y la frontera de Canadá mostrando mi acta de nacimiento que me acreditaba como norteamericana.

Después tomé otro bus hasta Toronto; de allí un avión a París y otro a Praga —jamás cruzando las líneas de seguridad, o sea, no entrando realmente a ninguna parte. En Praga los cubanos me esperaban.

Pero el viaje se hizo más difícil porque estaba enferma, sufría de un problema renal y tan pronto llegué a La Habana me tuvieron que extirpar un riñón. La odisea duró casi tres semanas: plenas de ataques y fiebres. Solo existía un vuelo semanal de Praga a La Habana y tuve que esperar mi turno.

Margaret Randall con su primera cámara, La Habana, 1978.

Cortesía de Margaret Randall.

Los intensos años setenta estuvieron caracterizados por contradictorias lecturas sobre los mitos revolucionarios. ¿Qué significó para Margaret Randall, como mujer, compartir la realidad cubana, la vida diaria?

Nuestra llegada a Cuba en el otoño del 1969 significó un giro de 180 grados en la vida mía y de mi familia -compuesta entonces por mi compañero de esos años y mis cuatro hijos, el mayor de 8 años y la menor de apenas 3 meses.

Cuba nos acogió como acogió a tantos en esos años. Yo recién había descubierto el feminismo, y tenía mucha curiosidad por saber cómo la revolución estaba cambiando la vida de las mujeres cubanas. Vivíamos lo más posible como los cubanos, y poco a poco fuimos experimentando lo que era la vida en un país en revolución, con todos sus beneficios y problemas.

La experiencia me dio muchísimo: la idea de que “otro mundo es posible”, un agradecimiento profundo a la revolución cubana por su generosidad, y también un conocimiento primario de las dificultades inherentes en promover cambios sistémicos tan dramáticos.

Siendo madre de cuatro hijos, la educación era una de las cosas que más me interesaba. Desde la guardería infantil para la más joven, hasta mis hijos más grandes que terminaron la universidad allá, recibieron una educación muy buena y basada en valores de emulación en vez de competencia, trabajo manual combinado con el intelectual, y mucho más.

Y viviendo allí, los experimenté en mi propia familia, como la salud universal y gratuita. Apenas llegando a Cuba, mi hija Ximena tuvo que operarse del oído, una operación delicada y arriesgada. Mientras el cirujano le salvaba la vida, el presidente de nuestro CDR explicó que si no teníamos quien hiciera la donación de sangre requerida, él encontraría a alguien. Fue una experiencia tremenda que también describo con más detalles.

Casa de las Américas, 1970. De izquierda a derecha: Randall; Rodolfo Walsh; Laurette Séourné, antropóloga francésa-méxicana; Silvia Gil; Alfredo Guevara, director del ICAIC; Manuel Galich, vicepresidente de la Casa de las Américas; Haydée Santamaría, directora y fundadora de la Casa de las Américas; y Raúl Roa, ministro cubano de relaciones exteriores. Randall más tarde escribiría una biografía de Santamaría, que fue publicada en los Estados Unidos en el año 2015.

Cortesía Margaret Randall

¿Cómo percibió, a través de su inquieta personalidad, temas que aún son objetos de debate en Cuba como la homofobia y el rechazo –o prohibición– del rock y cierto tipo de música como la de los Beatles?

Sin identificarme todavía como lesbiana, sí noté la homofobia de la Revolución. Había publicado un librito en Cuba que se llamaba Las mujeres, sobre el feminismo, y había una referencia a la posición de la Revolución en ese sentido.

Recuerdo que una amiga, profesora de la Universidad de La Habana, me llamó un día y me señaló esa referencia como algo indebida. Me sorprendió. También notaba el rechazo a los Beatles y a la música rock. Me pareció una actitud equivocada. Per al mismo tiempo sabía que Cuba tenía que seguir su propio camino cultural y que yo, como extranjera, estaba allí para aprender, no para criticar (aunque confieso que sí criticaba a veces, por lo menos entre la gente de confianza).

Randall, en el centro, con Silvia Gil y otras personas en una fábrica de tabacos en La Habana, 1970.

Cortesía Margaret Randall

¿Cómo logro superar las escaseces cotidianas, la alimentación basada en la libreta de racionamiento, los trabajos voluntarios o la casi incesante actitud de “enamoramiento” de los cubanos hombres ante una mujer con su inteligencia y atractivo?

En cuanto a las escaseces cotidianas, no las sentía como algo horrible. Opté por la libreta de abastecimiento y no por la que se extendía a los extranjeros en ese tiempo. Sentía las escaseces, pero quería vivir lo más posible como mis amigos cubanos.

Por otro lado, siendo extranjera estaba consciente de que tenía ciertos privilegios; por ejemplo, pude salir y entrar al país cuando quería. Estaba feliz de participar en los trabajos voluntarios.

En cuanto a los “piropos” o la actitud de enamoramiento incesante ante cualquier mujer —de cualquier edad, bella o no— me molestaba bastante. La sentí como una falta de respeto. No lo puedo negar. En el libro hay una anécdota acerca de mi reacción a ese hecho cultural, y la reacción de mis dos hijas adolescente ante mi reacción.

Durante su estancia en Cuba o después ¿se encontró, conversó, con Fidel o Raúl?

Nunca he tenido la oportunidad de conversar con Raúl. Y con Fidel un par de veces, nada más, y muy brevemente. Dejaré que los lectores leen el libro, pues allí hablo en detalle de esos encuentros: limitados pero desde luego impactantes para mí.

Cortesía de Margaret Randall.

El libro La mujer cubana ahora, publicado en Cuba en 1972, contó con varias ediciones internacionales conocidas, respetadas y celebradas por la izquierda y el feminismo de aquellos años. Este volumen fue la materialización de un proyecto de historia oral.¿En qué consistió, cuáles fueron las premisas, vivencias e intenciones que le condujeron a tan singular proyecto?

A finales de mis años en México ya había descubierto el feminismo, y al llegar a Cuba quería saber cómo la revolución había cambiado -o no- las vidas de las mujeres cubanas. Fui a trabajar a una editorial del Instituto Cubano del Libro; se llamaba Ámbito y no iba a durar mucho.

La portada de la edición canadiense de Cuban Women Now (La mujer cubana ahora).

Cortesía de Margaret Randall.

Pero mi jefe era un joven militar de gran sensibilidad y cuando le dije que quería hacer un proyecto de historia oral con mujeres, me apoyó. Yo no tenía una educación formal que me preparara para un trabajo así; inventaba sobre la marcha. Viajar por el país, hablar con mujeres de distintos orígenes, clases, edades y experiencias, fue una gran escuela para mí. Fue mi primer libro de este tipo —después escribiría una veintena más. La mujer cubana ahora llevó las múltiples voces de las mujeres cubanas a otros países, y a mí me aportó un aprendizaje tremendo.

¿Cuál cree que fue el aporte de Margaret Randall a Cuba, a partir de su incorporación al trabajo y la vida cultural de la Isla, y cuál el aporte de Cuba a la conciencia de Randall?

Cuba a mí me aportó mucho, fue una experiencia de vida en un país socialista que me enseñó que era posible construir una sociedad más justa. Yo no sé si yo aporté mucho a Cuba, y de todos modos serán otros quienes hablen de eso. Sé que mi feminismo a veces era demasiado para los cubanos de la época. Mis opiniones y actitudes no eran siempre muy bien recibidas. Con el tiempo creo que nos hemos acercado más.

Margaret Randall hoy en día.

Cortesía de CiberCuba.

Es quizás en el ámbito literario donde creo que aporté algo. A casa llegaron varios poetas y escritores jóvenes, juntos leíamos lo mejor de la literatura latinoamericana y norteamericana, conocimos grandes talentos de la época, y afinamos nuestra propia obra.

Con el tiempo produje una antología importante de poetas cubanas mujeres, y creo que aporté algo a la conciencia de que la mujer es tan digna de ser escuchada como el hombre.

Cortesía de Margaret Randall.

Esta antología surgió tras una selección previa de quince poetas jóvenes, de las cuales solo dos eran mujeres.

Me di cuenta de mi error, y decidí rectificarlo con la de las mujeres. Se titula Breaking the Silence: 25 Cuban Women Poets. La edición se agotó hace años pero sigue siendo una referencia para quienes tienen interés en la poesía cubana. Pero ese grupo de jóvenes poetas también me dio mucho, y varios de ellos siguen siendo grandes amigos.

Cortesía de Margaret Randall.

¿Qué significado tiene para usted la publicación por primera vez en Cuba de Cambiar el mundo. Mis años en Cuba, que confronta a quienes podrían considerarse sus interlocutores naturales?

Siempre he querido que este libro se conozca en Cuba. He querido compartir con la gente de este país mis experiencias de entonces, y mis puntos de vista en toda una serie de áreas.

Hace cinco años alguien me pidió el libro para la editorial de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) pero después pasaron tres sin tener noticia alguna. Ningún mail mío tuvo respuesta. El proyecto pareció destinado a morir, envuelto en ese silencio que tan a menudo acompaña una falta de transparencia.

Después, un amigo trató de averiguar que pasaba y supo que el libro había sido aprobado desde hacía mucho. Entonces lo retiré a quien me lo había pedido y lo entregué a Ediciones Matanzas, cuyo director y lista de títulos publicados me impresionaron. El mundo ha cambiado, Cuba ha cambiado, y me parecen interesantes las historias de entonces. Estoy muy feliz que el libro se publique por Ediciones Matanzas y que finalmente lo podrán leer los lectores a quienes creo que pertenece.

Un homenaje y encuentro con Margaret Randall será realizado  en Casa de las Américas como parte del programa de la Feria Internacional del Libro de La Habana. Será en la Sala Manuel Galich, el 16 de febrero a las 2pm. Los presentadores incluyen a Norberto Codina, Alex Fleites, Arturo Arango, y Juan Luis Martín, en un panel moderado por Alfredo Zaldívar y con la música de los trovadores Lien y Rey. La Feria del Libro 2017 continuará hasta el domingo 19 de febrero.

Laura Ruiz Montes (Matanzas, 1966) Licenciada en Historia. Poeta, editora, ensayista y traductora. Editora Principal de Ediciones Vigía, directora de La Revista del Vigía y la revista digital Mar Desnudo. Ha publicado numerosos libros de poesía como Transparencies. Red Mountain Press, Santa Fe, Nuevo México, 2016, Fe de erratas (Antología Poética Personal. Ediciones Aldabón. Colección la ínsula barataria. Matanzas, 2015) Otro retorno al país natal (Poesía. Ediciones Matanzas, 2012). Premio Nacional de la Crítica Literaria.