Monday December 11, 2017

“No debemos encerrar el arte afrocubano en un gueto”

Entrevista a Orlando Hernández, crítico de arte cubano y curador de “Without Masks: Contemporary Afro-Cuban Art”

Portada del catálogo de Sin Máscaras: Arte afrocubano contemporáneo, la primera muestra de arte cubano en Sudáfrica. Imagen de Juan Carlos Alom.

¿Existe un arte afrocubano contemporáneo? Qué lo separa de la tendencia afrocubana de los años 30?

Con esta exposición y su catálogo intento mostrar la variedad de acercamientos que ha efectuado el arte cubano de los últimos 20 o 30 años sobre esa área que llamamos nuestras “herencias africanas”, o los componentes africanos de nuestra identidad cultural. Esta aproximación incluye no sólo lo religioso, uno de los elementos más recurrentes, sino el aspecto social (e individual) de esas herencias, o sea, la presencia y situación de la población negra y mulata dentro de nuestra sociedad, todavía afectada por las prácticas europeas y coloniales de la discriminación racial y el racismo. Otros vínculos con África también han sido abordados, desde luego, como la presencia de Cuba en la guerra de Angola.

Mediante la selección de artistas y de obras inevitablemente propongo la existencia de un “arte afrocubano contemporáneo”. No es una demostración sorprendente sino el reconocimiento de la continuidad de un proceso. Desde mediados de los 90s este proceso tuvo características nuevas: un mayor interés en reflejar los aspectos sociales y políticos de las relaciones raciales, o una tendencia más reflexiva, más comprometida, más combativa en algunos artistas.

Durante este período, e incluso antes, con la generación de los años 80, el reflejo de lo “afrocubano” se apartó del tratamiento superficial, pintoresco, auto-exótico que había caracterizado a buena parte del “afronegrismo” de los años 30 y sus secuelas posteriores. Sin embargo, actualmente las generaciones más jóvenes de artistas han ido perdiendo interés en estos temas, lo cual podría interpretarse como un retroceso momentáneo.

Quizás “Without Masks”, así como la nueva edición de “Queloides” (exhibida en el Centro Wifredo Lam, con curadoría de Alejandro de la Fuente y Elio Rodríguez, y luego en Mattress Factory, Pittsburg) sirvan para estimular nuevamente el abordaje de estos asuntos dentro de nuestras artes plásticas. Porque cuando hablo de arte afrocubano contemporáneo me interesa que se entienda “lo contemporáneo” como un amplio marcador temporal, relacionado con lo cronológico y también con la “actualidad” (y con la importancia) de los problemas que el arte expresa, y no simplemente con la novedad de los lenguajes, que pertenecen más bien al campo de la apariencia, de lo estético.

No debemos encerrar el arte afrocubano en un grupo diferenciado de artistas, a la manera de un gueto, una comunidad o una cofradía. Lo afrocubano no ha tenido que ver tanto con los artistas (con la identidad “racial” o el color de la piel de los artistas, por ejemplo) sino con las características e intenciones de sus obras. Son componentes que forman parte ya de lo cubano, incluso cuando estos componentes permanecen casi invisibles. Ni siquiera es imprescindible demostrar una perseverancia o una lealtad a esos temas, lo cual sucede con menos frecuencia (Mendive, Olazábal, etc). Todo esto permite ampliar y enriquecer extraordinariamente el panorama. Incluir más que excluir.

Para la determinación de un “arte afrocubano” es necesario realizar un ejercicio intencional de selección dentro de ese universo que siempre hemos llamado de manera genérica “arte cubano”. Lo importante es reconocer que ese carácter supuestamente genérico que otorgamos al arte cubano en realidad ha sido siempre euro-céntrico y por lo tanto, cargado de elementos elitistas, racistas, coloniales. Lo que hemos intentado hacer en Without Masks es justamente continuar con ese ejercicio intencional de selección, de énfasis, que permita contrarrestar o corregir esa situación y proponer lecturas distintas del arte cubano.

¿Qué artistas fueron incluidos? Cuántas piezas y en qué soportes?

La colección consta actualmente de más de un centenar de obras de 26 artistas. Las manifestaciones representadas son la pintura sobre lienzo y madera, la acuarela, el dibujo, el grabado (xilografía, silk-screen, colografía), el collage, el patchwork, la escultura, la escultura blanda, la instalación, el video-instalación, la fotografía, y el video arte. Los artistas fueron organizados en la exposición y el catálogo según el orden jerárquico utilizado dentro de las tradiciones religiosas afrocubanas: primero los ya fallecidos, después los de mayor edad y luego los más jóvenes. Este es el listado actual de artistas:

Ruperto Jay Matamoros (Santiago de Cuba 1912- La Habana, 2008)/ Belkis Ayón Manso (La Habana, 1967-1999)/Pedro Alvarez (La Habana, 1967- Tempe, Arizona, 2004)/Manuel Mendive Hoyo (La Habana, 1944)/ Julián González Pérez (La Habana, 1949)/ Bernardo Sarría Almoguea (Cienfuegos, 1950)/ Santiago Rodríguez Olazabal (La Habana, 1955)/ Ricardo Rodríguez Brey (La Habana, 1955)/ René Peña (La Habana, 1957)/ Moïses Finalé Aldecoa (Matanzas, 1957)/ José Bedia Valdés (La Habana, 1959) /Marta María Pérez Bravo (La Habana, 1959)/ Rubén Rodríguez Martínez (Matanzas, 1959)/ María Magdalena Campos-Pons (Matanzas, 1959) / Juan Carlos Alom (La Habana, 1964)/ Elio Rodríguez (La Habana, 1966) / Carlos Garaicoa Manso (La Habana, 1967)/ Oswaldo Castillo Vázquez (Santiago de Cuba, 1967)/ Alexis Esquivel Bermúdez (La Palma, Pinar del Rio, 1968)/ Armando Mariño (Santiago de Cuba, 1968) Ibrahim Miranda (Pinar del Río, 1969)/Alexandre Arrechea (Trinidad, 1970)/ Juan Roberto Diago Durruthy (La Habana, 1971)/ Douglas Pérez Castro (Santo Domingo, Villa Clara, 1972)/ José Angel Vincench Barrera (Holguín, 1973)/ Yoan Capote (Pinar del Río, 1977).

Esta muestra es la zona visible de una colección privada. Puede Ud. dar más detalles sobre esta colección y sus proyecciones?

La colección nace en noviembre del 2007 a partir del interés de Chris von Christierson, empresario sudafricano radicado en Londres. Dado el origen africano de él y de su familia, nos pareció una excelente oportunidad enfocarnos en ese espacio de nuestras artes plásticas dedicado a explorar todos los vínculos entre África y Cuba. Chris felizmente aceptó la idea de patrocinar una colección de propiedad privada o familiar, desde luego, pero con carácter público e itinerante.

Es difícil encontrar un coleccionista privado (sobre todo en estos tiempos de crisis económica) dispuesto a dedicar su capital y su energía a un proyecto de este tipo. Generalmente se prioriza la inversión en base a artistas ya reconocidos en el mercado y no a la importancia social, cultural, política de un tema. Ha sido un privilegio contar con esta oportunidad. Es la única colección, tanto de carácter privado como institucional, que está dedicada exclusivamente al tema afrocubano y con un número tan amplio de artistas, la mayoría de ellos de reconocido prestigio internacional, junto a los cuales hemos incluido algunos artistas populares o autodidactas muy poco conocidos. Ni siquiera en Cuba—lamentablemente-- contamos con una colección de esta magnitud y características.

La colección seguirá creciendo en el futuro, con la incorporación de nuevos creadores y de obras que reflejen nuevas aristas, y quizás con manifestaciones creativas no amparadas dentro del concepto occidental de arte. Es una colección en proceso de investigación, de crecimiento.

¿Puede darnos detalles sobre la preparación, montaje e inauguración de la misma? Que personalidades de ZA y Cuba estuvieron involucradas?

Organicé la colección junto a Lucha, mi esposa, y con la participación de la familia von Christierson, en especial del propio Chris y de su hija Nadia.

Nos interesaba conservar un criterio reducido: coleccionista privado, curador independiente y artistas individuales, sobre todo para hacer valer la importancia de asumir compromisos individuales o no institucionales en proyectos donde se abordan asuntos de interés no sólo artístico y cultural sino social y político, y para evitar sentirnos afectados por alguna forma de censura.

La colección fue expuesta por vez primera en la Johannesburg Art Gallery de South Africa, la institución museística más respetada en el subcontinente africano. Se inauguró el 23 de mayo (Día de África) y estará expuesta hasta el 29 de agosto del 2010.

Más que mencionar algunas personalidades que se vieron involucradas en la muestra, me interesaría destacar la presencia del público sudafricano, que fue muy receptivo a los temas que aborda el proyecto. Ellos participaron no sólo como espectadores de la exposición sino en los debates públicos que organizamos junto a los artistas invitados (José Bedia, René Peña, Elio Rodríguez, Roberto Diago, Douglas Pérez) en torno a algunos temas (racismo, religión, etc). No olvidemos que hace muy pocos años que el país salió del flagelo del régimen racista del Apartheid y a pesar de cierto tono triunfalista (la democracia racial de una “nación arcoíris”) aún quedan vestigios evidentes de desigualdades. Creo que el ejemplo cubano (donde después de medio siglo de revolución socialista tampoco ha logrado alcanzarse una verdadera democracia racial) fue muy revelador, muy aleccionador.

¿Que características tiene el catalogo de la misma?

El catálogo (por el momento sólo en inglés) reproduce todas las obras de la colección e incluye un ensayo sobre cada uno de los artistas así como breves explicaciones o lecturas sobre la mayoría de las obras con el fin de facilitarle al público la mejor comprensión de sus contenidos. Fue hecho en tiempo record: alrededor de dos meses, incluyendo la escritura de la introducción, los 26 ensayos, la traducción al inglés, las correcciones, la edición, el diseño, la impresión, etc) de manera que yo mismo estoy sorprendido con los resultados.

La portada es una foto de Juan Carlos Alom que se ajustaba muy bien a nuestros propósitos, era suficientemente provocativa. Revelaba un rostro lleno de piercings de un popular personaje habanero. Es una especie de máscara que es sin embargo un rostro, y que posee además reminiscencias “tribales” de origen africano.

¿Puede decirnos otras itinerancias de esta muestra?

Tenemos el interés de llevarla (si aparecen los debidos sponsors) a países africanos, afroamericanos o a otras zonas donde la presencia de conflictos raciales o de intolerancia hacia religiones tradicionales africanas permitan generar interés o provocar reflexiones sobre estos asuntos. Habíamos pensado en otras ciudades de Sudafrica como Cape Town y Durban, que incluso la solicitaron, pero hasta ahora no han aparecido los recursos. Ya comenzamos a gestionar su desplazamiento a Sao Paulo, Brasil, donde existe un importante Museu AfroBrasil, pero quizás haya que regresar primero la colección a Londres y exhibirla primero allí. Todo depende del complicado factor financiero.